Durante el mes de junio, el océano no fue solo escenario: fue convocatoria. En Santa Marta y en las Islas del Rosario, científicos, comunidades, niños, voluntarios y organizaciones de toda índole confluyeron con una certeza compartida, los océanos nos necesitan unidos.
Mucho antes de que el océano ocupara un lugar central en las conversaciones sobre conservación, Jacques-Yves Cousteau logró que millones de personas miraran bajo la superficie del mar con asombro y curiosidad. Inventor, explorador, cineasta y divulgador, transformó la manera en que entendemos el mundo submarino y abrió la puerta a generaciones de buzos y amantes del océano. A bordo del mítico Calypso convirtió las profundidades marinas en un territorio cercano y fascinante. Su legado sigue vivo como una invitación permanente a explorar y proteger el planeta azul.
En el Caribe, los arrecifes enfrentan dos fenómenos simultáneos: el blanqueamiento coralino y la enfermedad de pérdida de tejido coralino. En Colombia se investigan alternativas innovadoras para disminuir estos impactos, una de ellas es el uso de bacterias benéficas, conocidas como “probióticos para corales”.
Aunque muchas veces invisible, el plancton sostiene la vida en el océano y en el planeta. Estos diminutos organismos producen gran parte del oxígeno que respiramos, capturan carbono y forman la base de las redes alimentarias marinas, recordándonos que incluso lo más pequeño puede tener un impacto inmenso.
El 17 de enero de 2026 entra en vigor el Tratado de Alta Mar, el primer acuerdo internacional jurídicamente vinculante para proteger la biodiversidad marina en aguas fuera de la jurisdicción nacional.
Esta es la historia de cómo la tortuga caná
ayudó a tejer en Acandí un proceso colectivo de conservación, identidad y relación viva con el territorio marino -costero.
El azul de nuestros mares: cultura, seguridad alimentaria y economía; con avances significativos en investigación, regulación y producción; pero también retos: sobreexplotación, fragmentación institucional y bajo consumo per cápita.
Los ambientes marinos y costeros de Colombia enfrentan desafíos por la contaminación derivada de la inadecuada disposición de residuos, y el crecimiento descontrolado de actividades socioeconómicas.
Los mares de Colombia son escenario de innovación científica, cooperación internacional y diálogo de saberes para enfrentar los retos ambientales del futuro.
Las tortugas marinas conectan mares y culturas a lo largo de sus migraciones. En Colombia, su conservación refleja avances, retos y una apuesta de esperanza compartida sobre su futuro y el nuestro.
Lo que hemos aprendido en los últimos 35 años sobre los mamíferos acuáticos y su
presencia en Colombia es notable. En los 80 eran especies prácticamente desconocidas.
Colombia posee un vasto mar profundo, tesoro de biodiversidad y motor climático. Una oportunidad perdida nos enseñó una dura lección, pero hoy, nuevas alianzas abren un horizonte de soberanía.
De los primeros esfuerzos por la soberanía marítima a los compromisos globales del 30×30, RAMPAS encarna la historia y el futuro de la conservación marina en el Pacífico Sudeste, con un enfoque innovador “socioecológicqoue” integra lo social, cultural, ambiental, económico y
científico, con énfasis en el talento humano.
Este recuento coralino ha sido construido por Arturo Acero, Elvira Alvarado, Juan Manuel Díaz, Valeria Pizarro, Juan Sánchez y Sven Zea y Guillemo Díaz. Algunos alcanzamos a ver los arrecifes sanos; todos fuimos testigos de su deterioro.
El conocimiento de las praderas submarinas en Colombia ha avanzado desde simples registros locales hasta mapas detallados y estudios sobre su papel frente al cambio climático. Hoy, su conservación y manejo abren nuevas perspectivas para la sostenibilidad de las costas caribeñas.