Por: Juan Manuel Díaz Merlano, Biólogo, Doctor en Ciencias Naturales.
Los arrecifes de coral y los manglares han despertado desde siempre gran interés en Colombia, tanto científico como en la gestión ambiental de la zona costera. Aunque menos vistosas, las praderas submarinas son también un ecosistema estratégico de gran valor.
Se trata de un tapete de plantas marinas con flores que se reproducen tanto por semillas como clonándose a través de rizomas, lo que les permite extenderse y cubrir amplias zonas del fondo marino entre 0 y 18 metros de profundidad. En Colombia, las praderas están formadas por seis especies de pastos marinos, siendo predominante el “pasto de tortuga”, Thalassia testudinum. Solo se encuentran en el Caribe, con una distribución irregular a lo largo de la costa continental y en la mayoria de las islas, sumando cerca de 662 km² , de los cuales un 80 % se concentra frente a la península de La Guajira. En estos ecosistemas nacen, se refugian y crecen invertebrados y peces que luego habitan arrecifes de coral, manglares o aguas abiertas. Además, atenúan la energía del oleaje, reducen la erosión costera asociada al aumento del nivel del mar y actúan como sumideros de carbono al retener materia orgánica.
Hasta finales del siglo XX, los estudios en Colombia se enfocaron en registrar su presencia e inventariar especies asociadas, especialmente en zonas cercanas a universidades e instalaciones de investigación marina en Cartagena y Santa Marta. Incluso antes, desde 1994, en el marco de una iniciativa regional en el Gran Caribe, se había iniciado un monitoreo estandarizado de una pradera de Thalassia en el Parque Nacional Natural Tayrona.
El mayor avance se dio con el proyecto del Invemar (2001-2002), titulado Distribución, estructura y clasificación de las praderas de fanerógamas marinas en el Caribe colombiano. Sus resultados, publicados en 2004, incluyeron los primeros mapas y cifras nacionales, así como análisis comparativos de fauna y flora presentes en los pastos marinos. Desde entonces, algunos estudios han actualizado la información con sensores remotos y han explorado su papel en la captura de carbono, en el marco de la Iniciativa Internacional la biodiversidad marina. de Carbono Azul. Se ha documento deterioro de praderas en sitios como Cartagena, El Rodadero, Santa Marta, Bahía Portete y San Andrés, en su mayoría por impactos humanos ocurridos hace más de 30 años (rellenos, dragados, contaminación). Sin embargo, este ecosistema muestra una notable resistencia y resiliencia, excepto cuando la cobertura vegetal es removida físicamente. En general, los monitoreos indican que su composición y estructura se han mantenido relativamente estables durante las últimas tres décadas. A diferencia de los arrecifes y los manglares, las praderas han mostrado cambios limitados y rápidas tasas de recuperación tras eventos extremos como huracanes.

En cuanto a enfermedades, se ha registrado en Colombia la presencia de una patología atrofiante del pasto de tortuga, causada por el protista Labyrinthula. Aunque en regiones como el golfo de México ha tenido efectos devastadores, en el país no se han observado impactos significativos hasta la fecha.
Las praderas submarinas, a pesar de no tener la espectacularidad de los arrecifes de coral o los manglares, representan un ecosistema estratégico para la sostenibilidad de las zonas costeras del Caribe colombiano. Su estabilidad y resiliencia, evidenciadas en las últimas décadas, refuerzan su importancia como hábitat esencial para numerosas especies, barrera natural contra la erosión y sumidero de carbono frente al cambio climático. Aun así, su conservación requiere mayor atención en la gestión ambiental, con políticas de protección y monitoreo que aseguren la continuidad de sus funciones ecológicas y los beneficios que ofrecen a las comunidades humanas y a la biodiversidad marina.





