Por:Andrés F. Osorio, Profesor Universidad Nacional de Colombia, Director ejecutivo CEMarin.
La historia reciente de las ciencias del mar en Colombia refleja un proceso que combina avances institucionales, científicos, sociales y tecnológicos. En los últimos 35 años destaca el uso del buque Ancón (1990) y los buques de la Armada (ARC Quindío y ARC Malpelo), por los Centros de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Caribe (CIOH) y el Pacífico (CCCP), en expediciones para estudiar desde fenómenos
oceanográficos hasta el corazón de las ballenas. En 1993, se consolidó Invemar como parte del Sistema Nacional Ambiental, generando atlas y publicaciones como el Atlas de arrecifes coralinos del Caribe colombiano (1996) y el Atlas de los datos oceanográficos de Colombia 1922-2013. Se consolidaron eventos como el Seminario Nacional de Ciencias y Tecnologías del Mar y programas académicos con enfoque marino en las universidades Nacional, Jorge Tadeo Lozano, de Antioquia, los Andes, del Valle, del Norte, del Magdalena, EAFIT, de Cartagena y del Sinú. En 2013, nació el Doctorado Interinstitucional de Ciencias del Mar.
El país ha tejido una red de investigación marina que lo posiciona como referente para Latinoamérica y el Caribe. Y ha impulsado la Política Nacional Ambiental para el Desarrollo Sostenible de los Espacios Oceánicos y de las Zonas Costeras e Insulares de Colombia (PNAOCI, 2000), la Política Nacional del Océano y los Espacios Costeros (PNOEC, 2001), y el CONPES 3990 (2020), que articulan ciencia, gestión pública y visión estratégica como país marítimo.
Los logros se expresan en la capacidad de innovación y desarrollos tecnológicos: modelación numérica aplicada a ecosistemas, uso de sensores remotos y SIG, programa de monitoreo de arrecifes coralinos, infraestructuras como el canal de oleaje de la UNAL en Medellín (2014), y proyectos de robótica submarina (2016) de la Universidad Pontifica Bolivariana y la UNAL. A ello se suma la cooperación internacional, como la creación del Centro de Excelencia en Ciencias del Mar (CEMARIN, 2009) o expediciones conjuntas como la visita del buque alemán Maria S. Merian (2022) y la expedición Pristine Sea de NatGeo (2022). Avances que han conectado a Colombia con redes globales de investigación, posicionando el conocimiento de nuestros mares y nuestra capacidad científica para hacer investigación de punta con pares internacionales.
Sin embargo, persisten los retos. La degradación de arrecifes, manglares y praderas marinas, la erosión costera acelerada en ambas costas, y la presión de actividades portuarias y extractivas demandan más proactividad de la ciencia en las soluciones. Surge otro desafío: no basta con comprender los procesos físicos y biológicos, es fundamental integrar las ciencias sociales para entender cómo las comunidades se relacionan con el mar, comprender sus saberes y cómo sus visiones pueden articularse con la ciencia.
El diálogo de saberes con comunidades locales es clave para que las soluciones sean culturalmente pertinentes, socialmente justas y ambientalmente sostenibles. Los laboratorios vivos, las experiencias de gobernanza participativa y las metodologías de coproducción de conocimiento son caminos que deben fortalecerse para enfrentar problemáticas como la sobrepesca, la pérdida de medios de vida por erosión costera, y la inseguridad alimentaria. El reto hacia el futuro es doble: profundizar la investigación interdisciplinaria y construir puentes efectivos con las comunidades costeras que son guardianas de los ecosistemas. Así el conocimiento científico podrá traducirse en acciones concretas de conservación, desarrollo sostenible y seguridad marítima, consolidando a Colombia como potencia bioceánica, y referente de innovación social y ambiental en la región.

Es fundamental integrar las ciencias sociales para entender cómo las comunidades se relacionan con el mar, comprender sus saberes y cómo sus visiones pueden articularse con la ciencia.






