Por:Amalia María Cano-Castaño, Fundación Coriácea
Diego Fernando Amorocho Llanos, Fundación CIMAD Esteban Andrade Lemus, Proyecto de Conservación de Tortugas Marinas
ASOCIACIÓN CAGUAMA Laura Nathalia Hurtado Sierra, Grupo de Investigación en Ecología Animal-Univalle Guiomar Aminta Jáuregui Romero, Programa de Conservación de Tortugas y Mamíferos Marinos Gustavo Lara R., DAMCRA-Minambiente
Julieth A. Prieto Rodríguez, CORPAMAG
Ximena Rojas Giraldo, DAMCRA-Minambiente Juan Manuel Rguez-Barón, Fundación JUSTSEA
En Colombia habitan cinco de las siete especies de tortugas marinas del planeta: laúd, verde, caguama, carey y golfina. Sus funciones son esenciales: mantener praderas marinas y arrecifes, transportar nutrientes a playas de anidación, y sostener procesos culturales y educativos en comunidades costeras. Al ser especies migratorias, no pertenecen a un solo país: recorren miles de kilómetros y atraviesan fronteras. Por eso, su conservación requiere el compromiso conjunto de la humanidad.
El estado de las tortugas marinas en Colombia refleja avances y desafíos. La tortuga laúd tiene en el golfo de Urabá-Darién, en el Caribe, sus playas más importantes, con cerca de 300 nidos anuales en 3km monitoreados. La verde mantiene agregaciones clave en praderas marinas en la Alta Guajira, su conservación depende de reducir la pesca (incidental y dirigida) y proteger hábitats de alimentación. La caguama, otrora abundante, hoy registra menos de diez hembras anuales en el Caribe colombiano. La carey anida en baja densidad, pero encuentra refugio en arrecifes y manglares del Caribe y el Pacífico, respectivamente, donde las comunidades suman esfuerzos al monitoreo. La golfina tiene en el pacífico, respectivamente, donde las comunidades suman esfuerzos al monitoreo. La golfina tiene en el Pacífico colombiano las principales playas de anidación de Suramérica; además, Bahía Solano, Nuquí, Sanquianga, Gorgona son escenarios de ciencia aplicada y conservación comunitaria.

Desde la década de 1960 se protegen nidos en Magdalena, y en 1991 surgieron experiencias pioneras de conservación en Chocó. Con el tiempo, estas acciones se consolidaron en proyectos que articulan ciencia, comunidades, ONG y entidades gubernamentales. En los últimos años, se han incorporado herramientas como la telemetría satelital, estudios genéticos, monitoreo y planes de manejo en áreas protegidas.
Aun así, persisten amenazas: la contaminación plástica y química, la pesca incidental, la captura dirigida, el consumo de huevos, la pérdida de playas de anidación por erosión y urbanización, el cambio climático y un turismo mal regulado. En el Pacífico se han hallado concentraciones preocupantes de metales pesados en tortugas golfina, mientras que en el Caribe, luces artificiales y urbanización alteran la reproducción de distintas especies. Además, el uso extendido de viveros requiere mayor respaldo científico y regulación, aunque ya se registran avances normativos.
Colombia ha suscrito tratados internacionales y creado programas y planes nacionales para fortalecer la gestión de datos y coordinar esfuerzos. El futuro requiere estrategias de largo plazo en cuatro ejes: ciencia y monitoreo, adaptación al cambio climático, fortalecimiento institucional y participación social.
La conservación de las tortugas marinas en Colombia es una historia de ciencia, compromiso comunitario y cooperación internacional. Aún hay retos enormes, pero también una esperanza real: que el trabajo de pescadores, estudiantes, científicos, comunidades étnicas y campesinas, ONG, empresas, áreas protegidas y autoridades siga entrelazando océanos y personas. El desafío es asegurar que sigan cumpliendo su papel ecológico y cultural, recordándonos que el mar empieza en casa.
La conservación de las tortugas marinas en Colombia es ciencia, compromiso comunitario y cooperación internacional.





