Por: Juan D Restrepo Ángel, PhD. Profesor Emérito Universidad EAFIT.
Desde su origen geológico, aproximadamente hace 15 millones de años, los ríos de Colombia siempre han tenido sus aguas color café debido a los sedimentos que llevan sus aguas producto de la erosión natural, la cual, en nuestros ríos es muy alta debido al clima intertropical con altas temperaturas y copiosas lluvias, agentes que facilitan la descomposición mecánica y química de las rocas, el lavado de los suelos, y el posterior arrastre de arenas, limos y arcillas. También, los procesos geológicos como la actividad tectónica, movimientos en masa y características de las rocas promueven el desprendimiento de sedimentos hacia nuestros ríos.
Durante los últimos 80 años, la llamada Edad del hombre, el Antropoceno, que para los ríos comienza después del final de la segunda guerra mundial, se ha evidenciado en Colombia, al igual que en todo el mundo, el aumento acelerado de la explotación y el cambio de uso de los suelos. Actividades como deforestación, remoción de sedimentos por minería legal e ilegal, agricultura, cambios del paisaje para ganadería, más el aumento de la urbanización, han generado más sedimentos en los ríos y más transporte de estos hacia nuestras costas. Actualmente, la turbidez de las guas de los ríos colombianos es mucho más alta que la de hace 100 años, ahora los ríos son más oscuros, llevan más sedimentos, producto de la suma de la gran erosión natural más la adición de la degradación ambiental del paisaje y de los suelos en Antropoceno.

Gracias a investigaciones en los ríos de Colombia desde finales del siglo pasado, se ha comprobado que los ríos que más sedimentos llevan a las costas del Pacífico oriental de todo el continente americano son los de Colombia, Patía, San Juan y Mira. Para los ríos que llevan sus aguas al mar Caribe, el Magdalena es el mayor transportador de sedimentos hacia el litoral Caribe. Sin embargo, el Magdalena, en el Antropoceno ya lleva un 80% más de sedimentos hacia las costas que hace 100 años. Las aguas de los litorales desde Barranquilla hasta Cartagena, incluyendo la región de influencia del canal del Dique, Las Bahías Barbacoas y Cartagena, son hoy en día más turbias y producto de ello (entre otras causas como el calentamiento de los océanos), se ha evidenciado la pérdida dramática de arrecifes coralinos, pastos marinos y pesca en toda la región. Además de los sedimentos y la turbidez, los aportes que vienen en los ríos como los nutrientes nitrógeno y fosforo, derivados de la agricultura, más los contaminantes como metales pesados de la minería ilegal y los procesos industriales, han aumentado más el problema de nuestras costas y ecosistemas. Hoy los niveles preocupantes de mercurio, arsénico, cobre y cadmio en los sedimentos de nuestras costas y en la pesca son parte ya del paisaje.
De todos los ríos en Suramérica, el Magdalena es el que muestra mayores niveles de erosión y de transporte de sedimentos hacia los mares y costas en el Antropoceno, hace cerca de 80 años.
La pregunta ante este panorama de degradación ambiental en los ríos y costas sería: ¿cuál es entonces la solución? Dada la diversidad de las fuentes de contaminación que llevan los ríos a los mares, este es un problema complejo que requiere soluciones complejas entre varias disciplinas, pero primero, voluntad política e institucional para entender, analizar y monitorear la conectividad hídrica en los ríos, desde las montañas hasta los estuarios, deltas y costas. El mar empieza en casa.

Hace 100 años, el Magdalena llevaba hacia las costas aproximadamente 100 millones de toneladas de sedimentos, producto de la erosión natural, hoy, el río arrastra cerca de 190 millones, un incremento de más del 80% como resultado de la degradación ambiental.





