“El empeño por darle cierta materialidad a algo aparentemente etéreo como el sonido es una constante en mi trabajo artístico”, dice Jorge Barco, artista e investigador sonoro que ha hecho de la escucha una forma de explorar, comprender y conectar con el mundo. Su obra combina la sensibilidad artística con la ciencia, en una práctica que entrelaza tecnología, territorio y comunidad. En su trabajo confluyen formas de hacer del arte contemporáneo como la arqueología de medios, el diseño especulativo y las materias del subsuelo, integrando tecnologías análogas, dispositivos lowtech y creaciones propias como los hidrófonos Magma.
En su investigación reciente, Jorge Barco ha centrado su escucha en los paisajes sonoros marinos del Pacífico colombiano, especialmente en el Golfo de Tribugá, un lugar donde el sonido revela una vida invisible que vibra bajo la superficie. Su próxima expedición lo llevará a la Antártida, donde continuará su exploración sonora en uno de los ecosistemas más extremos y silenciosos del planeta.
Paisaje sonoro y bioacústica en el Golfo de Tribugá
Desde hace varios años, Jorge Barco viene desarrollando una línea de trabajo centrada en la bioacústica, un campo que combina ciencia y arte para estudiar los sonidos del entorno y su relación con los ecosistemas. En el Golfo de Tribugá, ha llevado hidrófonos y geófonos para registrar los cantos de ballenas jorobadas, las vibraciones de la tierra y los sonidos que se escapan al oído humano, pero que conforman el entramado vital del lugar.
“A través del canto de las ballenas se ha comprobado que tienen una cultura que se transmite de grupo en grupo y que va evolucionando. Esto es asombroso y además ver la conexión que hay entre el trabajo de campo que parte de estar en una lancha a la escucha con un hidrófono, y vislumbrar hasta donde pueden llegar estos archivos más adelante al ser analizados por los programas sofisticados de inteligencia artificial que se están empezando a usan para estudiar la comunicación interespecies”, explica Barco.



Fotos: Jorge Barco
En este orden de ideas, su participación en el pasado Congreso de Bioacústica fue muy significativa al empezar a tejer redes entre artistas y científicos que usan el sonido como elemento principal. “aunque hay un mundo de papers valiosísimos, estos se quedan muchas veces en la academia. En cambio, el arte tiene el potencial de llevar estas reflexiones a más gente: con exposiciones, publicaciones, instalaciones, piezas sonoras”.
Barco no solo registra sonidos, sino que los traduce y reinterpreta. Desde su proyecto Máquinas Mestizas, crea dispositivos electroacústicos que capturan vibraciones imperceptibles en muchos casos: sonidos de rocas, movimientos del agua, materia vibrante que revelan la vida más allá de lo visible. Estos dispositivos, como los hidrófonos, geófonos, o los micrófonos experimentales, buscan amplificar las voces de la naturaleza. “El sonido se convierte en una manera de recordar el tiempo profundo del planeta, de conectarse por ejemplo con la evolución acústica de seres como las ballenas”, comenta.
La pedagogía de la escucha
Uno de los pilares del trabajo de Jorge Barco es su dimensión pedagógica y comunitaria. Junto al colectivo Radio Juntanza, ha liderado talleres de escucha en el Golfo de Tribugá, donde se integran niños, sabedores, científicos y artistas. “Ahora voy a estar 10 días con ellos, selva adentro y mar afuera, en una travesía que organiza Radio Juntanza. Vamos a hacer un taller el 31 con la comunidad y voy a entregar una versión inicial de la publicación Escuchar las ballenas, que se está volviendo algo muy especial, estoy recogiendo muchas de mis notas del último año sobre acústica subacuática, con un especial énfasis en el canto de las ballenas ”, cuenta Barco.
Este texto, que empezó como un fanzine, busca explicar conceptos complejos de forma accesible: desde la frecuencia y los hercios hasta la cultura acústica de los cetáceos. “Hay muchos papers científicos excelentes, pero poco material divulgativo para las comunidades costeras, hecho para que niños, jóvenes y adultos que quieran empezar a estudiar sobre el potencial de la escucha y el registro de sonidos para la conservación, la educación y el turismo sustentable”
Una red de escucha pasiva
El trabajo de Jorge Barco y sus aliados no se detiene en los registros aislados. Junto a la científica Paula Zapata y otros investigadores, está diseñando un proyecto que consiste en una red de sondas de monitoreo pasivo creadas con talento colombiano, un sistema que permitiría registrar de forma continua por ejemplo los sonidos del ecosistema marino durante toda la temporada de migración de las ballenas, también del manglar peces y otras especies. Esta red permitirá generar datos para análisis acústicos y comprender mejor el comportamiento animal, los patrones de presencia, las transformaciones y afectaciones por ruido humano del entorno.
Desde Máquinas Mestizas, Jorge también está desarrollando los primeros prototipos de micrófonos parabólicos especializados para la grabación de aves, con la proyección de que puedan servir como herramientas educativas y comunitarias. Esta tecnología de bajo costo, diseñada con materiales accesibles, democratiza el acceso a la investigación sonora y abre nuevas posibilidades para el aprendizaje ambiental.



Fotos: Jorge Barco
Rumbo a la Antártida: arte y ciencia en condiciones extremas
La escucha profunda también llevará a Jorge Barco a uno de los paisajes más remotos y desafiantes del planeta: la Antártida. A finales de este año 2025, el artista sonoro colombiano participará en una expedición como parte de la convocatoria de Arte en la Antártida (https://hipermedula.org/2025/01/arte-en-la-antartida), un programa que cuenta con el respaldo de la Comisión Antártica Colombiana y el Programa Antártico Colombiano. Gracias a esta alianza, uno o dos artistas viajan anualmente junto a científicos y marines para convivir durante un mes y medio en alguna base internacional, ya que Colombia aún no cuenta con una propia.
“Es una experiencia que me emociona profundamente”, comenta Barco. “No solo por el reto técnico y artístico de grabar en condiciones extremas, sino por lo que significa estar en un ecosistema donde el tiempo y el sonido se perciben de otra manera. La Antártida es un espacio de escucha radical”.
Su proyecto seleccionado, titulado “Resonancias”, busca establecer un puente acústico entre dos territorios aparentemente opuestos pero profundamente conectados: el Golfo de Tribugá, en el Pacífico colombiano, y la región antártica. ¿El vínculo? Las ballenas jorobadas, específicamente el grupo denominado por los científicos como stock G, que recorre cada año entre 8.000 y 8.500 kilómetros desde las aguas gélidas del sur hasta las cálidas costas del Chocó.


Fotos: Jorge Barco
“¿Qué tienen en común dos lugares tan distantes?”, se pregunta Jorge. “Pues esa conexión que las ballenas tejen a través de su ruta migratoria, y que nos invita a pensar la ecología no como algo local, sino como una red planetaria de relaciones”.
Este no es su primer acercamiento a estos paisajes australes. En abril de 2025, participó en una residencia artística en la región subantártica chilena, invitado por el colectivo Liquen Lab (https://liquenlab.cl/) de arte y ciencia con base en Punta Arenas, la ciudad más austral del continente.
Allí, junto a 10 artistas y biólogos, navegó durante días los fiordos chilenos, una geografía de glaciares milenarios y aguas profundas, hogar de un grupo particular de ballenas que —a diferencia de las que migran hacia la Antártida— permanecen todo el año alimentándose en esa región. “Fue revelador. Yo tenía la idea, como muchos, de que todas las ballenas jorobadas venían únicamente de la Antártida. Pero en los fiordos se ha estudiado un grupo estable, documentado por científicos chilenos (https://whalesound.com/en/) que incluso les han dado nombres. Muchas de estas ballenas también han sido vistas en Tribugá, lo cual abre preguntas fascinantes sobre sus rutas, memorias y vínculos acústicos”.


Fotos: Jorge Barco
Este viaje también le permitió poner a prueba sus propios dispositivos de grabación en condiciones extremas. Utilizó geófonos, hidrófonos y otras herramientas de escucha artesanal, registro muchos sonidos, pero el más impactante crujido y l desprendimiento de un glaciar cerca a la Isla Carlos III “Fue una sorpresa inmensa. Yo no tenía previsto enfocarme en los glaciares, pero estar frente a esas masas vivas de millones de años, derritiéndose en tiempo real, fue una experiencia telúrica. Escuchar el deshielo es escuchar el cambio climático hablando en su propio idioma”.
Barco sueña con profundizar esta investigación en la Antártida, capturando los ritmos de la fauna, los silencios densos del hielo, y las reverberaciones de un continente que, aunque parezca inhóspito, vibra con su propia vida sonora. “Allí estoy muy interesado en investigar el paisaje geológico. Los glaciares son archivos acústicos del tiempo profundo. En ellos resuenan los ciclos de la Tierra, el agua como memoria, el hielo como archivo sonoro”.
Esta travesía busca ser más que un registro individual. Uno de los objetivos del proyecto “Resonancias” es compartir estas exploraciones con las comunidades del Pacífico colombiano, especialmente en Tribugá, donde Jorge viene trabajando desde hace años. “Quiero llevar de vuelta esas grabaciones, compartirlas con las personas que viven en relación directa con el mar. Mostrarles cómo su territorio también se escucha desde el sur del planeta. Que puedan oír los sonidos de la Antártida. Creo que uno de los logro más significativos de este proyecto está en la red de personas e iniciativas que se empieza a tejer, gente con un conocimiento ancestral de su territorio junto a científicos, artistas y entusiastas a lo largo del pacifico”.
En ese sentido, su proyecto es una apuesta por la educación ambiental a través del arte sonoro, creando materiales pedagógicos, publicaciones y talleres que permitan a niños, jóvenes y líderes comunitarios acercarse al mundo invisible de las frecuencias y vibraciones. Barco insiste en que la escucha profunda no es solo una técnica ni otro concepto del arte, sino una ética: “Es una forma de estar en el mundo, de atender lo que no se ve pero que también importa. De recordar que incluso en el aparente silencio, la vida sigue hablando”.
La vida que vibra, aunque no la veamos
El trabajo de Jorge Barco invita a detenerse y escuchar. Escuchar no solo lo que está a la vista, sino todo aquello que vibra en el subsuelo, en el mar, en el aire. Su obra nos recuerda que el mundo está lleno de presencias invisibles que generan sonido: ballenas, peces, aves, minerales, microorganismos. Y que al amplificar sus voces, no solo aprendemos a conocerlos, sino también a cuidarlos.
“La tecnología puede ser una herramienta poderosa para la preservación de los ecosistemas. Nos permite amplificar las vibraciones de la naturaleza en formas que antes eran imposibles. Mi sueño es que la escucha se convierta en una herramienta de sensibilización, que promueva respeto y conexión con la naturaleza que en ultima somos nosotros mismos”.
Desde las selvas del Chocó hasta las plataformas heladas de la Antártida, Jorge Barco sigue su viaje sonoro, revelando lo que la vida susurra cuando nos damos el tiempo de escuchar.
Para conocer más sobre su trabajo en el Golfo de Tribugá: https://agendadelmar.com/paisajes-sonoros-marinos-la-escucha-profunda-al-servicio-de-la-conservacion/





