Desde finales de 2024, una silenciosa pero agresiva invasión vegetal comenzó a alterar el equilibrio ecológico y social en la Ciénaga Grande de Santa Marta (CGSM). Se trata de Hydrilla verticillata, una planta acuática originaria de Asia, también conocida como cola de caballo o tomillo acuático, que, según escriben Carlos Rivera y Jorge Escobar del Instituto Javeriano del Agua, ha colonizado al menos ocho kilómetros cuadrados del ecosistema lagunar más grande del Caribe colombiano, lo que ha afectado gravemente a los habitantes de Nueva Venecia, y ha comenzado a invadir también el corregimiento de Buenavista.
Aunque su aspecto no parece alarmante a simple vista, sus efectos son preocupantes y múltiples. De acuerdo con los comunicados oficiales de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag), la presencia de esta planta fue confirmada en las aguas del pueblo palafítico de Nueva Venecia, en la Ciénaga del Pajaral, tras visitas técnicas y muestreos realizados luego de recibir reportes de las comunidades locales preocupadas por los malos olores, las afectaciones a la pesca y la movilización.

Una especie con pasado conocido
La presencia de H. verticillata en Colombia no es nueva. En 1996, el botánico Udo Schmidt-Mumm publicó en la revista científica Caldasia una sinopsis sobre la familia Hydrocharitaceae, a la que pertenece esta planta. En este estudio, se documentó por primera vez su presencia en el país, específicamente en el lago El Peñón en el municipio de Girardot, en Cundinamarca, donde en 1988 fueron colectados especímenes que se depositaron en el Herbario de la Pontificia Universidad Javeriana. De dicho cuerpo de agua fue erradicada manualmente años después, ya que desde aquel entonces se advertía su riesgo como especie invasora por su alta capacidad de adaptación a aguas dulces y salobres.
Y es que Colombia presenta condiciones ambientales propicias para la expansión de la cola de caballo: cuerpos de agua cálidos situados por debajo de los 500 metros de altitud, con alta carga de nutrientes y baja salinidad. Estas características coinciden con las que actualmente se observan en la CGSM.
Impactos ecológicos y sociales
De acuerdo con la NOAA y Pennsylvania Sea Grant, H. verticillata es una planta acuática sumergida y perenne, capaz de desarrollarse en diversos ambientes de agua dulce, ya sea estancada o en movimiento (como lagos, estanques, ríos, embalses, canales, entre otros). Tolera distintas condiciones de pH, nutrientes y luz, aunque su crecimiento óptimo se da entre los 20 y 27 °C. Especialmente en latitudes altas, puede presentar pequeños tubérculos blancos en las raíces, en los cuales almacena alimento para sobrevivir durante el invierno; de hecho, estos tubérculos pueden permanecer inactivos en el sedimento durante años, antes de brotar.


La capacidad invasora de esta especie radica principalmente en su reproducción predominantemente vegetativa –incluso un pequeño fragmento puede generar una nueva planta–, lo que facilita tremendamente su dispersión; y también en su rápido crecimiento –¡de hasta 2,5 cm por día, por tallo!–, que le permite formar densas capas sobre la superficie del agua, bloqueando la entrada de luz solar, desplazando especies nativas, reduciendo los niveles de oxígeno y transformando ecosistemas en monocultivos acuáticos que afectan gravemente peces y otras especies de vida silvestre.
En Nueva Venecia, comunidad palafítica enclavada en la CGSM, las consecuencias ya son visibles: obstrucción de canales navegables, dificultades para pescar, acumulación de aguas residuales y afectaciones a la salud pública. Los pescadores han visto reducidas sus capturas, así mismo los desplazamientos en canoas se han vuelto más lentos y peligrosos, afectando el acceso al agua potable y a servicios básicos. Esta situación agrava la vulnerabilidad de una población que ya enfrenta desafíos socioeconómicos históricos.
Sin embargo, el problema no es solo la planta, sino las condiciones que le permiten crecer sin control. Corpamag plantea que el aumento de agua dulce y de materia orgánica, combinado con temperaturas elevadas, crea un ambiente ideal para la proliferación de H. verticillata. También plantea como hipótesis que su llegada a la Ciénaga ocurrió por vertimientos a través del río Magdalena, específicamente por el caño Aguas Negras, en donde se ha producido un crecimiento desmedido de vegetación, causado por una abertura lateral en una de sus orillas. Esta situación ha aumentado el ingreso de agua dulce y, junto con la elevada presencia de materia orgánica, ha propiciado su expansión.

Foto: Aldo Dalmazzo
Aportes e ideas para encontrar soluciones
Frente a la expansión de esta especie invasora, la tecnología se está convirtiendo en aliada. Maxdrone es una empresa barranquillera experta en soluciones tecnológicas con drones, que cuenta con diversas líneas, como Ecodrón, creada para la evaluación de cuerpos de agua y cobertura forestal con sensores multiespectrales y tecnología LiDAR. Dicha startup ha desarrollado un índice multiespectral que permite mapear con precisión la ubicación de plantas invasoras como la cola de caballo (H. verticillata) y la taruya (Eichhornia crassipes). Estos mapas, elaborados con el apoyo de la comunidad de Nueva Venecia, han sido entregados a la autoridad ambiental como insumo para planificar acciones de control más efectivas, y los resultados se comparten con el público general.
Por otro lado, Rivera y Escobar del Instituto Javeriano del Agua, han sugerido que, a mediano plazo, es necesario analizar de qué manera la nueva vía entre Barranquilla y Santa Marta podría ayudar a restablecer el equilibrio del agua en la Ciénaga, incorporando en su diseño o gestión medidas que permitan controlar de forma adecuada el ingreso de agua dulce y salobre.
Desde distintos sectores se insiste en que la solución debe ser integral y coordinada. Un informe de Natura Consultores recomienda un plan de manejo adaptativo y zonal que priorice métodos no químicos y culturales, como el control de flujos de agua. Así mismo, para optimizar el control es crucial cerrar brechas de conocimiento mediante investigaciones específicas sobre su ecología local, los impactos de los métodos de control en especies nativas, el desarrollo de biocontroles adecuados, el modelado hidrológico del sistema y la evaluación socioeconómica detallada de las medidas propuestas.
Un llamado a la acción
Lo que ocurre en la Ciénaga Grande no es un hecho aislado. Es un reflejo de cómo las especies invasoras pueden alterar profundamente ecosistemas frágiles cuando coinciden con condiciones ambientales propicias y fallas en la gestión del territorio. Hydrilla verticillata es una amenaza real, pero también una oportunidad para fortalecer la gobernanza ambiental, promover la ciencia comunitaria y actuar con urgencia frente a los desafíos que impone el cambio ambiental global.
También te puede interesar: https://agendadelmar.com/tres-proyectos-por-la-conservacion-del-manglar-en-cienaga-grande-de-santa-marta/





