La relación entre Nicanor Restrepo Santamaría y la Agenda del Mar pertenece a ese tipo de historias: una alianza fundada en la confianza, en la curiosidad intelectual y en una convicción profunda sobre la importancia de conectar a las personas con el océano, cuando ese tema aún no ocupaba un lugar central en la conversación pública.
“A Nicanor Restrepo Santamaría yo siempre lo sentí como un hombre de mar. Era un enamorado del océano y gracias a toda esa pasión fue que le dio un gran impulso a la Agenda del Mar”, expresó María José Ospina, directora de Agenda del Mar Comunicaciones, al recordar su apoyo desde la primera edición en 1992, como el primer patrocinador del proyecto.
Ese vínculo no fue casual; como recoge el perfil póstumo publicado por El Colombiano, Nicanor, antes de convertirse en uno de los empresarios más influyentes del país, quiso ser pescador raso, bombero, poeta o vivir filosofando bajo palmeras tropicales. Esa pulsión por el mar y por una vida menos predecible nunca lo abandonó.
Nicanor fue una figura difícil de encasillar y, justamente por eso, profundamente influyente en la vida empresarial, social y cultural de Colombia. Su trayectoria no responde a una vocación única ni a un plan lineal, sino a una búsqueda constante de sentido, coherencia y responsabilidad, rasgos que marcaron tanto sus decisiones públicas como privadas.
Desde joven, a Nicanor no le resultó sencillo encontrar su lugar. Escribió cuentos que él mismo juzgó malos, abandonó la ingeniería civil cuando le faltaba poco para terminarla y se sintió fuera de lugar en varias disciplinas antes de encontrar en el mundo empresarial un espacio desde el cual pensar la sociedad. Esa inconformidad inicial no fue debilidad, sino la semilla de una mirada crítica y poco complaciente frente a los caminos establecidos. Su vida estuvo atravesada por la duda, la reflexión y una curiosidad intelectual que nunca abandonó.
Nacido en el seno de una familia con una profunda tradición pública—bisnieto del expresidente Carlos E. Restrepo e hijo de Juan Guillermo Restrepo Jaramillo, quien fue alcalde de Medellín, ministro y presidente de Avianca—, conoció desde temprano los lenguajes del poder, pero también sus límites. Tal vez por ello, aunque ocupó cargos de alto nivel como gobernador de Antioquia en 1983, decidió cerrar ese capítulo de manera consciente y definitiva. Nunca volvió a aspirar a cargos de elección popular ni a aceptar nombramientos políticos, convencido de que su aporte debía hacerse desde otro lugar. “Eso iría en contravía de un filósofo”, explicó alguna vez, definiendo con ironía su distancia frente a la carrera política tradicional.
Su paso por el sector público fue breve, pero significativo. Como gobernador, enfrentó un contexto complejo marcado por el deterioro del orden público y el inicio de una violencia que marcaría al país durante décadas. Quienes trabajaron con él recuerdan su serenidad, su capacidad de escucha y su convicción de que el diálogo era una herramienta indispensable para gobernar. Esa misma actitud la trasladó luego al ámbito empresarial, donde desarrolló la mayor parte de su vida profesional.
Nicanor Restrepo fue una de las figuras centrales en la consolidación y transformación del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA). Más que un ejecutor, fue un pensador estratégico que entendió, antes que muchos, la necesidad de adaptar las empresas colombianas a un mundo globalizado.
Sin embargo, reducir su legado a cifras, cargos o resultados empresariales sería incompleto. Nicanor entendía la empresa como un actor social, no como un fin en sí mismo. Fue un convencido de que el desarrollo económico debía ir acompañado de responsabilidad ética, impacto social y una profunda consideración por el entorno humano. Esa convicción se tradujo en su apoyo a proyectos educativos, culturales y sociales.
A comienzos de los años noventa, cuando hablar de océanos, conservación y educación ambiental no era común, Nicanor confió en la idea naciente de Agenda del Mar: un proyecto editorial dedicado a la divulgación sobre océanos. “Nicanor creyó en una idea que parecía loca en ese entonces”, recuerda María José, subrayando que ese respaldo fue determinante para que el proyecto consolidara en el tiempo.
En 2012, con motivo de la celebración de los 20 años del proyecto, Nicanor Restrepo dedicó unas palabras que hoy adquieren un valor testimonial: “Tuve el privilegio de conocer la Agenda del Mar cuando pasó de ser un proyecto a convertirse en una realidad que desde su primera edición brilla por su calidad, contenido y diseño, contribuye a divulgar conocimientos en el apasionante mundo de la mar”.
Más allá del respaldo económico, su acompañamiento se expresó en la valoración del proceso editorial, en la asistencia a eventos de lanzamiento y en el reconocimiento del crecimiento de un ecosistema de productos y contenidos que se fue ampliando con los años. Para la Agenda del Mar, ese respaldo temprano fue determinante no solo en términos operativos, sino simbólicos: reafirmó que conectar a las personas con los océanos era una apuesta válida y necesaria, incluso cuando aún no ocupaba un lugar central en la agenda social.
«Para ese momento nadie hablaba de emprendimiento y, mucho menos, de los temas relacionados con la conservación. Sin embargo, Nicanor Restrepo confió en mí y en el grupo de trabajo que apenas estábamos conformando, y ese impulso lo llevamos en lo profundo de nuestro corazón”, afirma María José.

Foto: archivo Agenda del Mar
Restrepo era un lector voraz, un conversador excepcional y un hombre de pensamiento amplio. Leía literatura, historia, economía, filosofía y política con la misma intensidad con laque disfrutaba una tertulia larga o una conversación sin prisa. No memorizaba para impresionar: interpretaba, cuestionaba y resignificaba. Su cultura no era ornamental, sino una herramienta para entender el mundo y actuar con mayor conciencia. Esa capacidad de análisis lo convirtió en consejero habitual de presidentes, ministros, alcaldes y dirigentes,aunque siempre prefirió el papel discreto del asesor antes que la visibilidad del poder.
Nicanor Restrepo Santamaría dejó una huella que atraviesa la empresa, la educación, la cultura y el pensamiento social en Colombia. Su legado no se mide solo en instituciones o resultados, sino en una manera de estar en el mundo: con rigor, sensibilidad y una convicción profunda de que el verdadero progreso se construye con conciencia, diálogo y responsabilidad compartida.
Hoy, el legado de Nicanor Restrepo Santamaría nos recuerda que las ideas que perduran necesitan aliados que acompañen con convicción, criterio y paciencia. Desde la Agenda del Mar invitamos a quienes creen en la educación, la cultura oceánica y la construcción colectiva a seguir sumando voluntades, tejiendo alianzas conscientes y apoyando proyectos que, como el mar, solo revelan su verdadera profundidad con el paso del tiempo.





