En el Caribe colombiano, Isla Fuerte Ecolodge celebra tres décadas de historia. Lo que comenzó como un pequeño campamento de buzos se ha convertido en un centro de buceo emblemático, símbolo del turismo especializado y la educación ambiental en Colombia. Hoy, su legado es el resultado de años de esfuerzo, pasión y compromiso con el mar y con las comunidades que lo rodean.
Todo empezó a finales de los años setenta, cuando un grupo de buzos de Medellín viajó por primera vez a Isla Fuerte. Entre ellos estaba Eduardo Jaramillo Paillet, integrante del comité técnico de Escuba, la Escuela de Buceo de Antioquia, quien se enamoró del lugar y decidió comprar un lote. “Eduardo soñaba con tener su casa frente al mar, y lo logró con techos de palma y hamacas”, recuerda Juan Carlos Tobón, dueño y fundador de Isla Fuerte Ecolodge. Ese primer lote se convirtió en el punto de encuentro de instructores y alumnos que viajaban desde Medellín para practicar apnea y compartir su amor por el océano.


En 1980, Juan Gabriel Suárez, propietario de Tritones Buceo, viajó por primera vez a Isla Fuerte tras realizar su curso de buceo a pulmón libre, mientras que Juan Carlos Tobón culminó su formación en buceo con tanques tres años después, en 1983. De esa amistad y pasión compartida por el mar nació Escualos, un club de buceo que se convirtió en punto de encuentro para nuevos buzos —entre ellos María José, quien se certificó allí— y en el motor de frecuentes expediciones a Isla Fuerte.
Más adelante, en 1993, fundaron Alquidive, una pequeña empresa dedicada al alquiler de equipos y la formación de buzos, que marcó el inicio de una nueva etapa, dado que eran los encargados de suministrar los equipos a la isla. El gran cambio llegó en 1995, cuando Eduardo Jaramillo decidió vender su propiedad. “Un día dijo: ‘Yo le vendo esto al primero que pase’, a lo que ‘Espérate, el bote y los equipos son nuestros, trabajamos aquí’. Así nació la idea de comprarlo”, recuerda Juan Carlos.
El sueño tomó forma como empresa con la creación de Isla Fuerte S.A.S., un proyecto de inversión inmobiliaria lanzado oficialmente el 30 de noviembre de 1995, con el propósito de reunir inversionistas que hicieran realidad el primer centro de buceo y hospedaje de la isla, lo que resultó en dar vida a lo que hoy conocemos como Isla Fuerte Ecolodge.
Desde entonces, la filosofía del proyecto ha sido clara: más que un negocio turístico, es un espacio para aprender y enseñar. “Lo que nos ha mantenido estos 30 años no es la rentabilidad, sino el amor por el buceo y la pasión por enseñar. Esa vocación pedagógica, ha sido el motor que les ha permitido resistir tres décadas de retos económicos, sociales y logísticos. “Lo que nos ha mantenido durante todos estos años —añade Tobón— es el placer de ver la cara de alguien cuando sale de su primera inmersión. Esa emoción genuina es la gasolina que nos mueve”.
A lo largo de 40 años de historia —entre formación, buceo y conservación—, Isla Fuerte Ecolodge ha sido pionero en el turismo especializado de la isla y un semillero de conciencia ambiental y de comunidad. “No somos el centro más grande ni el de mejor infraestructura, pero sí fuimos los primeros en apostarle al buceo en Isla Fuerte”, afirma Tobón. Y agrega con orgullo: “Hemos ayudado a formar tres generaciones, tanto de buzos como de colaboradores locales”. Esa labor, más que una empresa, se ha convertido en una escuela de vida y respeto por el océano, fiel al espíritu de quienes un día recibieron de sus maestros el mismo impulso por enseñar y cuidar el mar.





Sin embargo, el camino no ha estado libre de retos. Los años noventa fueron una época de auge para el buceo en Colombia, pero hacia 1999 la situación cambió. “Tuvimos años muy difíciles entre el 99 y el 2002. El país atravesaba un momento complejo, y mantener un centro de buceo en una isla sin infraestructura no fue fácil. Pero seguimos adelante porque creíamos en lo que hacíamos.”
Esa misma resiliencia permitió resistir los efectos de la pandemia. Sin inversión externa, el proyecto sobrevivió gracias al compromiso de sus socios y trabajadores. “Siempre ha sido un negocio que se sostiene con lo que produce. No hay capital externo, solo trabajo en equipo y mucha fe”, explica Juan Carlos.
Para Tobón, el turismo especializado en naturaleza representa uno de los mayores tesoros aún por desarrollar en Colombia. Ese potencial, sin embargo, solo podrá aprovecharse si existen políticas gubernamentales claras y coherentesque orienten la gestión ambiental y el desarrollo turístico de manera sostenible. Aunque la demanda crece y el interés de inversión persiste, la falta de infraestructura y de una regulación efectiva limita el crecimiento de esta industria que podría convertirse en motor de conservación y desarrollo local.
Juan Carlos es enfático: “El turismo de naturaleza tiene un futuro muy grande, pero requiere una intervención estatal real. Las acciones individuales, por valiosas que sean, no bastan para frenar el deterioro ambiental que ya se vislumbra como inminente”.
Hoy, Isla Fuerte Ecolodge sigue firme como un referente de turismo especializado y buceo responsable en el país. Su historia representa el espíritu de quienes ven en el mar un lugar de encuentro, de aprendizaje y de conservación. “Nos sentimos satisfechos porque hemos podido devolver al mundo lo que recibimos de nuestros instructores: formación, disciplina y respeto por el mar”, concluye.
Treinta años después, la terquedad que los sostuvo se transformó en legado. Isla Fuerte Ecolodge no solo ha formado buzos, sino también una comunidad comprometida con la protección de los ecosistemas marinos. Desde sus aguas claras, sigue recordándonos que el turismo sostenible es posible cuando hay pasión, educación y propósito.
Este lunes 27 de octubre celebramos los 30 años en la Noche de Buzos, fue un espacio para encontrarnos, celebrar y honrar el legado de quienes han transmitido su amor y conocimiento por el buceo y por el mar.





