El mar empieza en casa

Foto: Carlos Felipe Tapia Zamudio
Llegar a la edición 35 de la Agenda del Mar es mirar atrás y reconocer un hilo azul que nos ha traído hasta aquí: hacer cultura oceánica para transformar hábitos, conversaciones y decisiones.

Por: Maria José Restrepo. Directora, Agenda del Mar.

A comienzos de los 2000, la ONU y la UNESCO bautizaron con fuerza este esfuerzo como Ocean Literacy; nosotros lo emprendimos en 1991 por pura convicción: si entendemos y amamos el océano, cambia nuestra manera de habitar el planeta.

A mí me abrió la escotilla el buceo. Fue la puerta magnífica que me llevó debajo de “la rayita”: me regaló el mar y una gran comunidad de amigos y aliados. Bajo el agua descubrí un universo que quise compartir a través de una Agenda que ha funcionado como extensión de la memoria; una compañera fiel desde la cual crear esa conexión cotidiana con los océanos. Cuando nos asombra su inmensidad y su fragilidad, entendemos que conocerlo fundamenta la razón para conservarlo.

Respiramos mar. Más de la mitad del oxígeno que respiramos viene del océano, y los ríos —sus venas— llevan desde la montaña lo mejor y lo peor de lo que hacemos en casa. Por eso, una decisión tomada a kilómetros del litoral termina, tarde o temprano, en el mar.

Ese es el corazón de nuestra filosofía: cada gesto cuenta porque el mar empieza en casa.

Mi papá, Felipe Ospina, lo dijo a finales de los noventa frente a un grupo de niñas en un colegio de Medellín, cuando entregábamos la segunda cartilla del Planeta Azul, sobre océanos. Él siempre fue maestro —de aula, de universidad y de vida— y en esa frase nos heredó una brújula en la que cabe un doble poder: lo mucho que el océano hace en nosotros y lo mucho que podemos hacer por él, incluso si vivimos de espaldas al mar. Gracias, papá: tu legado está presente en cada publicación, taller y expedición que hemos realizado.

Hacer cultura oceánica en Colombia —un país con dos océanos y, aun así, de espaldas al mar— ha sido tejer redes, dejarnos sorprender y sostener una convicción y una pasión: que lo que hacemos transforma nuestro pedacito de mar. Hemos aprendido y navegado junto a biólogos, biólogos marinos, oceanógrafos, geólogos, antropólogos, buzos, navegantes, pescadores y conservacionistas; expertos en agua, litorales, corales, ballenas, tortugas, tiburones, manglares y cambio climático. Y también con artistas, poetas, ilustradores, fotógrafos, docentes y periodistas. La cultura oceánica para nosotros es ciencia, educación lúdica, arte y participación ciudadana para tocar la cabeza y llegar al corazón.

Desde esa trama nacieron juegos, cartillas, álbumes, libros y campañas; murales, limpiezas de playas, diálogos, proyectos de restauración y colecciones. También nuestro Concurso de Fotografía de Naturaleza, que ha puesto a miles de ojos a mirar la biodiversidad con sensibilidad y rigor, y ha construido un archivo de belleza y memoria. Todo ello se complementa con las cifras que verás en las infografías de estas páginas.

Creemos en el papel. En un mundo digital, el objeto impreso sigue siendo un pedacito de mar que se toca y se comparte. La pantalla multiplica; la página convoca. Por eso cuidamos cada dato y cada imagen: buscamos el equilibrio entre lo técnico y lo sensible, la ciencia y la belleza, la pedagogía y el juego. Ese balance es nuestra forma de honrar el marco que impulsa la cultura oceánica: entender para cuidar, y cuidar para actuar.

Treinta y cinco años después (pregunta al lector): ¿qué le estamos entregando al océano desde nuestra casa? La respuesta está en lo cotidiano: tomar decisiones con conciencia; apoyar y trabajar con las comunidades; respaldar a los científicos y a quienes investigan, protegen y educan. Pequeñas acciones que, cuando muchas manos las repiten, tienen un efecto enorme. Porque este es el único océano que tenemos, el océano que nos define como planeta.

Hoy celebramos una comunidad que ya no mira el mar como paisaje distante, sino como hogar extendido. Gracias a quienes se han embarcado en esta travesía —equipo, aliados, empresas, autores, usuarios, lectores—. Sigamos abriendo escotillas para que nuevas generaciones encuentren su propia puerta de entrada y se conecten con los océanos.

Al final, la Agenda del Mar ha sido, y quiere seguir siendo, un recordatorio cotidiano de una verdad simple y poderosa:
el mar empieza en casa.

Los libros que me llevaron al mar 

Hay libros que se leen una vez y otros que terminan formando parte de nuestra historia. Esta selección reúne diez títulos ilustrados que, durante años, han alimentado mi fascinación por el océano y me recuerdan que el amor por el mar también puede comenzar lejos de la costa: entre páginas, ilustraciones y la imaginación.

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El mes en que el océano nos convocó  

Durante el mes de junio, el océano no fue solo escenario: fue convocatoria. En Santa Marta y en las Islas del Rosario, científicos, comunidades, niños, voluntarios y organizaciones de toda índole confluyeron con una certeza compartida, los océanos nos necesitan unidos.

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Jorge Barco

Escuchar el planeta con Jorge Barco

Con hidrófonos construidos en Colombia y un arpa hecha de huesos de ballena, Jorge Barco viajó a la Antártida a registrar lo que no se ve: el sonido de un glaciar derritiéndose, la huella acústica de una migración, el pulso de un mundo en transformación.

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