Por: Andrés Osorio – Director ejecutivo CEMarin, Profesor titular Universidad Nacional de Colombia; Alan Giraldo – Profesor titular Universidad del Valle.
El mar tiene sus propios ritmos y, en el Golfo de Panamá, uno de los más importantes es la surgencia. Este fenómeno ocurre cuando los vientos alisios del noreste soplan con suficiente fuerza para empujar las aguas superficiales cálidas hacia mar abierto. Ese empuje activa lo que los científicos llaman el transporte de Ekman, un efecto hidrodinámico en el que el agua superficial se mueve en un ángulo respecto al viento, permitiendo que el mar que está entre los 80 a 100 m de profundidad “suba a respirar” a la superficie.

¿Por qué es importante? Porque esas aguas son frías y ricas en nutrientes. Son como un fertilizante natural que alimenta al fitoplancton, diminutas plantas marinas que forman la base de la cadena alimentaria. Si la surgencia no funciona, probablemente faltarán los nutrientes necesarios para que el fitoplancton pueda alimentar todo el ecosistema, desde peces hasta aves marinas.
Este año, por primera vez en al menos 40 años, esa maquinaria hidrodinámica no funcionó en la región del Golfo de Panamá. Y la explicación está en varios factores que podemos traducir a un lenguaje cotidiano:
• Debilitamiento de la “Cizalla del viento”: imagine que el viento “raspa” la superficie del mar. Cuando ese raspado es fuerte y constante, logra arrastrar el agua superficial, permitiendo el ascenso del agua profunda. Pero este año ese raspado fue débil: los vientos no tuvieron la fuerza suficiente para promover esta movilización vertical del agua.
• Estratificación de la columna de agua: en los trópicos el mar es como un pastel de capas, con agua caliente arriba y agua fría abajo. Cuando la diferencia entre capas es muy marcada, cuesta mucho mezclar ese pastel. Eso ocurrió en Panamá: la capa cálida superficial estaba tan estable que no permitió que el agua profunda ascendiera.
• Gradientes de presión atmosférica: los cambios de presión atmosférica entre el continente y el océano son el motor que impulsa los vientos alisios. Este año ese motor perdió intensidad, probablemente influenciado por fenómenos climáticos como El Niño y por el calentamiento global, que alteran los patrones atmosféricos.
En términos simples: el mar no tuvo suficiente fuerza en el “soplo de viento” ni generó la “mezcla” necesaria para que el agua fría y rica en nutrientes pudiera subir la superficie en donde está el fitoplancton y en donde hay incidencia de la luz solar.
Las consecuencias son tangibles. Menos surgencia significa menos productividad biológica, lo que probablemente afectará la pesca artesanal y comercial. Además, sin aguas frías que moderen la temperatura, ecosistemas marinos como las formaciones coralinas enfrentan un mayor riesgo de blanqueamiento e incluso mayor probabilidad de cubrimiento por algas.


Fotos: Jairo Elicio Tocancipa
La supresión de la surgencia en el Golfo de Panamá en 2025 tendrá efectos indirectos pero significativos sobre la zona norte del Pacífico colombiano, especialmente en áreas como el Bahía Cupica, Bahía de Humboldt, y el Golfo de Tribugá. Estas zonas, aunque no dependen directamente de la surgencia en el Golfo de Panamá, están conectadas por corrientes superficiales y subsuperficiales que transportan agua, nutrientes y organismos planctónicos desde la zona de la surgencia hacia la zona exclusiva de pesca artesanal del norte del Pacífico chocoano y el Distrito Regional de Manejo Integrado Golfo de Tribugá-Cabo Corrientes. Al suprimirse la surgencia, se disminuirá el transporte de agua fría rica en nutrientes hacia las zonas costeras, afectando la producción primaria y las condiciones ambientales que necesitan las especies de peces que son el alimento principal de las especies de interés pesquero en la región. Por lo tanto, los pescadores deberán recorrer una mayor distancia e invertir una mayor cantidad de tiempo para capturar los peces de interés, poniendo en riesgo la relación costo-beneficio de la actividad, afectando la seguridad alimentaria y los ingresos locales.
Otro efecto que se puede esperar a partir de la supresión del proceso de surgencia en la Bahía de Panamá es una alteración en los procesos reproductivos de las especies de interés pesquero en la región. Al no tener alimento suficiente disponible, los individuos adultos no podrán almacenar la energía necesaria para realizar el proceso reproductivo, lo que traería como consecuencia una disminución en el tamaño y frecuencia de las posturas en estas especies. Lo anterior, sumado a una disminución importante en la probabilidad de sobrevivencia de las larvas de los peces ya que no encontrarán condiciones adecuadas para obtener alimento por la disminución de la productividad del agua, reduciría aún más el número de individuos que podrían crecer para reponer la población de adultos.


Sin modelos predictivos y monitoreo robusto, futuros colapsos podrían desestabilizar aún más las pesquerías, la seguridad alimentaria y los medios de vida costeros en la región. La gran pregunta ahora es si este fue un accidente climático puntual o una señal de cambio de régimen hidrodinámico en la región. Lo cierto es que necesitamos observar con mayor detalle estas interacciones entre océano y atmósfera. Comprenderlas es clave no solo para la ciencia, sino para la seguridad alimentaria, la economía y la resiliencia de las comunidades costeras que dependen de un mar vivo y productivo.





