Buen viento y buena mar, Capitán Harold Botero

Ilustración: Didier Pulgarin
Un homenaje a un pionero del buceo colombiano que enseñó a navegar la vida con el corazón abierto al océano

El pasado lunes 20 de octubre, el mar colombiano perdió a uno de sus más grandes referentes: Harold Botero, capitán, pionero del buceo en el Pacífico y figura entrañable para toda la comunidad subacuática del país. Su partida deja un silencio profundo, pero también una estela luminosa que guía a quienes encontraron en él un maestro, un amigo y un hombre que hizo del océano su hogar.

Desde Agenda del Mar y Buceo Sumercé, nos unimos a las voces que celebran su legado. Su historia no solo se escribió en las aguas del Pacífico, sino también en la memoria de cientos de buzos que encontraron en el María Patricia —su embarcación y símbolo— una escuela de vida, un refugio y un punto de encuentro entre la pasión, la disciplina y el amor por el mar.

Maria José Ospina, directora de Agenda del Mar, manifiesta que su relación con el lobo de mar se construyó durante más de treinta años. Así describe su vínculo con Harold Botero quien tuvo la fortuna de compartir travesías, conversaciones y silencios con él en el Pacífico colombiano. “Era una persona que amaba con profundidad el mar, y lo transmitía a quienes estaban cerca de él”, recuerda con emoción.

Su conexión con Harold trascendía lo profesional. No era simplemente un capitán que transportaba buzos de un punto a otro; era un anfitrión del océano, un guía que invitaba a descubrir la magia pacífica que habita entre corrientes, lluvias y mareas. “Uno sentía que él iba más allá de llevar personas: entregaba una experiencia, compartía la esencia del Pacífico, esa mezcla de fuerza, calma y misterio que solo quienes lo aman de verdad pueden transmitir.”

Esa manera de entender el mar se convirtió en su legado: un ejemplo de resiliencia, adaptación y compromiso inquebrantable con la naturaleza y las personas. Durante décadas, Harold fue un puente entre el ser humano y el océano. Su barco no era solo una embarcación, sino una escuela flotante, un lugar donde muchos conocieron por primera vez la inmensidad del Pacífico, lo observaron con respeto y se sumergieron en su biodiversidad.

Cortesía: Catalina Carrizosa-Marea Viva

“Su empresa de turismo siempre tuvo ese sello especial —añade—. No se trataba únicamente de navegar o bucear, sino de encontrarse con el mar en toda su dimensión: arriba y abajo, en la superficie y en las profundidades. Harold amó el mar en todos los sentidos, y ese amor sigue navegando en cada persona que alguna vez compartió su cubierta.”

Entre esas voces, una resuena con especial fuerza. Carlos Mejía Walker, buzo, creador de Buceo Sumercé y organizador de las Noches de Buzos Bogotá, expresa con emoción cómo la figura del capitán trascendió su propia experiencia:

“Todos los que hemos buceado en el Pacífico colombiano hemos oído hablar de Harold Botero y del María Patricia: un capitán de barco nacido en Anserma, y una embarcación que llevaba el nombre de una de sus hijas. Harold y su barco hicieron posible que buzos y buzas de diferentes lugares y condiciones económicas accedieran a destinos como Gorgona y Malpelo.

Aunque no lo conocí, tengo la imagen de un señor generoso que, de alguna manera, intentó ‘democratizar’ los viajes de buceo en esta zona de Colombia, Para muchas personas, él fue un maestro, y su barco, una verdadera escuela para aprender a bucear en esos sitios.”

Carlos confiesa que, aunque nunca coincidió con Harold en el mar, su nombre siempre lo acompañó como una brújula invisible: “Durante muchos años, Harold y el María Patricia representaron mi deseo de navegar y bucear en lugares que me resultaban míticos e inaccesibles. Aunque no fue con él ni en su barco, he logrado llegar a algunos de esos sitios con sus amigos, alumnos y antiguos compañeros de navegación.

Hoy escribo estas palabras desde el Santuario de Fauna y Flora Isla Malpelo, como parte de esa historia que desde hace tiempo ronda mi cabeza. Tal vez mi interés por Harold y el María Patricia tenga que ver con mis propias ganas de navegar y bucear en lugares que todavía considero inalcanzables. Quizá estoy buscando razones para creer que no están tan lejos o que, si lo están, al final es posible llegar a ellos!”

Ese testimonio, que mezcla gratitud y destino, condensa la esencia del legado de Harold Botero: abrir caminos para otros, incluso sin estar presente físicamente en ellos. Su historia es la de un hombre que hizo del compartir su mayor acto de generosidad.

Y quienes sí navegaron junto a él confirman esa huella imborrable. Sandra Bessudo, directora de la Fundación Malpelo, recuerda que “Harold como su papá en el mar”. Desde 1998 compartieron innumerables travesías por Gorgona y Malpelo, y fue gracias a él que pudo conocer y documentar la costa norte del Pacífico colombiano. Como lo recuerda Sandra, las expediciones científicas multidisciplinarias y los viajes de ciencia ciudadana de la Fundación Malpelo comenzaron a bordo del María Patricia. “Harold y su tripulación me apoyaron siempre en la protección de Malpelo: recogían líneas y redes abandonadas, perseguían barcos atuneros y, sobre todo, cuidaban el mar como quien cuida a un hijo.

Sandra manifiesta que era un hombre de mar, simpático y generoso, que amaba profundamente la vida marina, además al tiempo que enfatiza en el deseo profundo de que mantengamos su legado siendo buzos responsables, comprometidos con conservar el mar y su diversidad.

Cortesía: Catalina Carrizosa-Marea Viva

Esa ética del cuidado también la vivieron instructores como Liliana Arango, de Estación de Buceo Kakiri, en Nuquí Chocó, quien recuerda que el capitán no exigía un número mínimo de alumnos para salir a navegar: “Gracias a Harold, muchas personas sin recursos pudieron bucear en el Pacífico. Su barco era un hogar, y él, un padre para todos nosotros.” En el María Patricia los buzos se sentían como en casa, expresa. Desde que abordaban el barco eran uno más de la tripulación. Más que un capitán, Harold era un padre para los tripulantes y para los buzos y buzas que viajaban con él, según Arango.

La historia se repite en las palabras de Catalina Carrizosa, de Marea Viva: “Conocí a Harold en 2007, durante mi primer viaje a Gorgona. Era un capitán que gozaba compartiendo su amor por el océano. Nos abrió el camino y nos permitió hacer escuela a bordo del María Patricia. ¡Gratitud profunda ante su legado!”

Y así, entre recuerdos, risas y aprendizajes, se construye la memoria viva de un hombre que fue mucho más que un capitán. Para Luis Alejandro Moreno, de Alejo Moreno Buceo, “fue una leyenda, un descubridor, un maestro. Gracias a él, generaciones enteras conocieron las maravillas del Pacífico.” Según Moreno, él descubrió y bautizó muchos sitios para bucear en Gorgona, en Malpelo y en Bahía Solano. Su pasión abrió varias rutas de navegación en esa región y, aunque hoy parezca un hecho natural que se trate de sitios de buceo, en su momento fue una verdadera hazaña humana y logística. Como lo recuerda Alejo, «para muchos buzos y buzas, Harold era nuestro padre y referente a la hora de bucear, quien nos impulsó a amar el mar, la navegación y la vida en barco».

Juan Fernando Ríos, de Juan Ríos Buceo, resalta que “el María Patricia fue la escuela de muchos instructores. Me enseñó que en el mar las reglas se respetan y los planes se cumplen. Era sabio, exigente y profundamente humano.

Quizás por eso, como bien dice Carlos Mejía, Harold se convirtió en un mito que sigue navegando en el corazón de cada buzo colombiano. Su legado no está solo en las profundidades del Pacífico, sino en la cultura oceánica que ayudó a construir: en cada inmersión responsable, en cada joven que aprende a respetar las corrientes, en cada gesto de amor hacia el mar.

Desde Agenda del Mar y Buceo Summercé, lo despedimos con el mismo espíritu que inspiró su travesía: el de creer que el conocimiento del mar se comparte, se multiplica y se honra viviendo con respeto hacia él.

Buen viento y buena mar, Capitán Harold Botero.
Tu nombre seguirá siendo faro en esta inmensa escuela azul.

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