En el desove, el mar toma vida. Nuevos resultados del proyecto de restauración coralina Coraltheca.
En las noches tranquilas del Caribe, los arrecifes de las Islas del Rosario volvieron a ser escenario de un evento silencioso pero vital: el desove de los corales. Aunque esta vez la naturaleza mostró un pulso más tímido, los avances en metodología, las mejoras en las condiciones de trabajo y la perseverancia del equipo de biólogos revelan un paso firme en el camino de la restauración. Cada gameto recolectado, cada cruce realizado y cada larva sembrada en el mar representan semillas de esperanza para la recuperación de un ecosistema que sostiene la vida y la cultura de nuestro territorio.
A diferencia de lo ocurrido en junio con Diploria labyrinthiformis, el coral cerebro ranurado, la especie protagonista de este nuevo ciclo —Pseudodiploria strigosa— planteó retos logísticos y científicos particulares. Sus colonias, dispersas y con baja densidad debido al deterioro histórico del arrecife, exigieron un cambio en la forma de recolección. “El método que utilizamos con Diploria no nos servía. Esta vez tuvimos que marcar las colonias y conectarlas con un cabo, de manera que el equipo pudiera seguir un trayecto en la noche, cuando ocurre la reproducción”, explicó Jorge Herrera, biólogo parte del proyecto Coraltheca, en el marco del cual se realiza este proceso de restauración coralina.
Este ajuste metodológico permitió ubicar las colonias dispersas y colocar las gametotrampas desde temprano, a la espera de que ocurriera el desove. Sin embargo, la ventana temporal fue reducida y solo se registró actividad una noche durante los cuatro días de observación.
En total, cinco colonias liberaron gametos, cantidad suficiente para que la tesista Carolina de los Ríos, de la Universidad de Antioquia, pudiera avanzar en sus experimentos de cruces controlados, buscando entender si distintos métodos de fertilización influyen en la supervivencia a mediano y largo plazo.

Mientras tanto, con Orbicella faveolata, conocido como coral estrella montañoso, la experiencia fue diferente. En este caso, los gametos de varias colonias se mezclaron en conjunto, logrando una fertilización más abundante que se trasladó directamente al mar mediante la innovadora piscina flotante CRIB (Coral Rearing In Situ Basin). Este sistema, diseñado para la cría de larvas en condiciones naturales, reduce el esfuerzo humano y permite que el océano mismo se convierta en aliado en las primeras etapas de vida de los corales.
El equipo celebró además un hecho alentador: a diferencia de otros años, no se registraron episodios significativos de blanqueamiento en las especies trabajadas. Aunque algunos corales presentaron palidez, no se observó pérdida crítica de zooxantelas en las colonias protagonistas del proyecto, lo que permitió continuar con la labor sin interrupciones. Los monitoreos se concentraron en cuatro puntos de la Barrera Norte del arrecife, descartando el sur debido a la escasa presencia de colonias.



Fotos: Agenda del mar
A nivel logístico, el trabajo también dio un salto de calidad. Gracias al apoyo del Hotel SanPedro de Majagua, el laboratorio contó con un espacio más amplio y protegido, lo que facilitó las jornadas nocturnas y evitó contratiempos por lluvias. Aunque la cantidad de gametos recolectados no alcanzó los volúmenes del pasado desove de Diploria, el uso de la CRIB con Orbicella abre una ventana de aprendizaje valiosa para el futuro. Tal como señala Herrera: “Orbicella faveolata ha tenido históricamente dificultades para asentarse en este tipo de sistemas, pero seguimos insistiendo. Este año dimos un paso más para llevar al mar la mayor cantidad de reclutas posibles”.
El cierre de esta etapa trae consigo expectativas y también desafíos. Las larvas obtenidas crecerán ahora en guarderías marinas, donde se fortalecerán antes de ser trasplantadas en zonas de restauración. Tres especies —Diploria labyrinthiformis, Pseudodiploria strigosa y Orbicella faveolata— conforman la esperanza de repoblar arrecifes que han sufrido décadas de degradación, pero que aún guardan la posibilidad de renacer.
Más allá de los retos científicos, este desove también estuvo marcado por encuentros y apoyos que hicieron del proceso una experiencia profundamente enriquecedora. Nos acompañaron referentes como Claudia Bahamón y Sofía Gómez quienes se sumaron con entusiasmo a las labores de apoyo, junto a dos voluntarias que fortalecieron la parte de comunicación, redes y logística.
Además, antes del evento realizamos un taller de apnea, liderado por Sofía Gómez, con el grupo Alevines de Parques Nacionales, gracias al apoyo de Avianca, Cocosette y el Hotel San Pedro de Majagua. Allí, los jóvenes recibieron nasas para la recolección de residuos dentro de su programa de monitoreo, tablillas de escritura, guías de identificación de especies y una maleta viajera como parte de la campaña Playa Limpia de Cocosette.
Todo este esfuerzo Coraltheca es posible gracias al respaldo de Parques Nacionales Naturales de Colombia, Ecomares, Diving Planet, Agenda del Mar, Perry Institute, Secore, McPike-Zima Foundation, Diving Life y el Hotel San Pedro de Majagua, con el apoyo de la Fundación Grupo Argos, quienes continúan tejiendo redes para que la restauración coralina sea un legado compartido.
El desove coralino de este año nos recuerda que la restauración es un camino de paciencia, de ciencia y de compromiso colectivo. Los resultados no siempre son inmediatos, pero cada intento suma conocimiento y abre nuevas posibilidades de acción. En palabras del equipo: “No sabemos todavía cuáles serán los resultados finales, pero lo que sí tenemos claro es que cada esfuerzo nos acerca a devolverle vida al arrecife”.
Hoy la Agenda del Mar invita a sus aliados a seguir apoyando esta iniciativa y a acompañar de cerca la evolución del proyecto. La restauración de los corales es una tarea de largo aliento que necesita constancia, ciencia y, sobre todo, comunidad. Tejiendo juntos este propósito, podremos garantizar que las futuras generaciones hereden un mar vibrante, lleno de colores y vida.





