María Claudia Díazgranados

Son muchos los méritos que convierten a María Claudia Díazgranados en una de las personas más admiradas en Colombia con su trabajo por los océanos. Uno de ellos es el de diseñar y hacer realidad algunos modelos que permitan darle viabilidad económica a las tareas urgentes de conservación

“

“El principal reto es que los colombianos nos demos cuenta de que casi la mitad de nuestro país es azul”, dice, pues a muchas generaciones se les ha enseñado geografía con mapas en los que pareciera que el territorio colombiano está compuesto solo por la parte continental.

Y el mar, asegura, ofrece inmensas oportunidades, incluso mucho más allá de la pesca. “Tenemos un potencial increíble en el océano, en aspectos como la generación de energía o los productos farmacéuticos, no hemos visto la riqueza que tenemos en las profundidades”, explica. María Claudia ha sido una de las personas más cercanas a la Agenda del mar, ayudando y aportando a la misión de cuidar y conservar los océanos de la mano de expertos y aficionados que comparten su pasión.

Nació en Bogotá, vivió 10 años de su infancia y adolescencia en Buenos Aires, Argentina. Toma mate, una infusión de yerbas muy común entre las personas del Río de la Plata. Es buzo y capitán de velero. Su compañera en todas las inmersiones y en las salidas a navegar es su hija Sofía, de 16 años, quien también ama el mar.

María Claudia estudió biología marina en la universidad Jorge Tadeo Lozano y luego obtuvo un magíster en Ecología de la Universidad de Aberdeen (Escocia), y una especialización en Bioacústica de Mamíferos.

Trabajó con delfines de río en la Fundación Omacha, luego con una compañía atunera y, desde hace 15 años, hace parte del equipo de Conservación Internacional en Colombia. Hizo parte de la primera expedición científica de Colombia en la Antártida.

En su trabajo ha logrado una cercana conexión con las comunidades costeras y ha hecho que los proyectos de conservación sean sostenibles en el tiempo. “Creamos un mecanismo financiero para darle recursos económicos a tres áreas protegidas en Colombia para que puedan implementar sus planes de manejo a perpetuidad. Con esta figura hemos podido generar recursos para dos áreas en Bahía Málaga y una en el Golfo de Tribugá-Cabo Corrientes”, explica. En Colombia muchas veces se declaran áreas protegidas, pero solo funcionan en el papel porque, en la práctica, las corporaciones nunca tienen plata para cuidar el mangle y las poblaciones de peces o de ballenas”.

Además, en el Golfo de Morrosquillo logró hacer realidad el primer proyecto de carbono azul certificado en el mundo. “Este es otro mecanismo financiero que permite que los procesos se puedan mantener en el largo plazo a través de la comercialización de carbono azul. Allí se busca cuidar el bosque de manglar y preservar la biodiversidad que existe a su alrededor, donde habitan el manatí, el caimán aguja, la nutria y muchos animales más”.

María Claudia es actualmente la directora del Programa Carbono Azul de Conservation International, organización con la que ha trabajado desde 2006.

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