Elvira Alvarado, la mamá de los corales

Elvira es una bióloga marina que ha dedicado su vida a los corales. A sus 63 años transmite a todos los que la rodean su pasión y amor por los arrecifes del PNN Corales del Rosario y San Bernardo.

Su amor y pasión por la naturaleza, en especial por el mar, lo heredó de su papá. Los momentos junto a él y las series del Investigador Submarino y Flipper influyeron en su decisión de estudiar biología marina en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. A finales de los 70 empezó a bucear en las islas del Rosario, con el tiempo se dio cuenta del alarmante y rápido deterioro de lo que había conocido, allí tomó la decisión de convertirse en una de las grandes defensoras de los arrecifes coralinos que la enamoraron.

Es una mujer vital, con un profundo sentido de la enseñanza, apasionada, dedicada, entusiasta, persistente y exigente, sus alumnos la reconocen como una gran maestra, se pasa gran parte de su tiempo calificando exámenes, trabajos y preparando los futuros biólogos marinos. En los 90 empezó a estudiar junto a ellos el crecimiento y reproducción de los corales, buscaba entender qué causaba el cambio de esos arrecifes que había conocido dos décadas antes y obtener información sobre las especies que vio desaparecer.

Le gusta leer y cocinar; es deportista y le encanta salir a trotar, pero lo que más la hace vibrar y entusiasmarse es la reproducción de arrecifes de coral, su cara se transforma al hablar de este tema, se emociona cuando está en el laboratorio viendo como avanza su proyecto para salvar este ecosistema la cautivó. Aunque mantiene la modestia, sabe que está logrando uno de los proyectos más ambiciosos de restauración sexual de arrecifes en nuestro país.

Desde 1978 trabaja en el PNN Corales del Rosario, lo dejó un tiempo para ser la directora del Museo del Mar, sin embargo en el 1984 volvió para quedarse. Entre risas dice que este es “su parque”. El lugar que ha estudiado, defendido, investigado y restaurado desde hace años. Lleva más de cuatro décadas de trabajo en el área, lo que le da un sentido de pertenencia y amor que pocas personas tienen.

Aunque los corales son una de sus prioridades, deja claro que su amor más grande pertenece a alguien más. Su hermana falleció y ella creó un vínculo con Iván, su sobrino, que solo tenía un año en ese entonces. Al hablar de él sus ojos brillan, se enorgullece contando que es sociólogo, es su hijo el que le ilumina la mirada desde momento en que menciona su nombre.

Se enorgullece de las luchas que ha librado, cree que todavía es posible hacer algo. Tiene esperanza en la recuperación de esta importante área protegida.

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