Conrad, el hombre de mar que se volvió escritor

Escribió toda su obra literaria en inglés, idioma que aprendió navegando con marinos y que estudió en bibliotecas y libros náuticos. Un hombre de mar que, al convertirse en capitán, optó por su nacionalidad británica.

Por Capitán de Navío (R) Jorge Prieto Diego

“Un día de septiembre del año 1874 subí al tren, igual que un hombre puede subirse a un sueño: un sueño que todavía dura”. (1)

 

Se refería Conrad al tren que cuarenta años antes había tomado para ir a Marsella donde empezaría su vida de marino mercante. Tenía dieciséis años, y en la estación de Cracovia quedaron su abuela, que lloraba, y su tío Bobrowski.

Como le ha sucedido a quienes al final de la adolescencia dejan su casa buscando en el mar su vocación, Conrad empezaría su segunda vida, la de marino, y como a los marinos que llevan el mar en sus entrañas, le pasó que nunca supo cuándo se retiró. Los biógrafos ubican la fecha en enero de 1894, cuando se desembarca del último buque en que estuvo contratado, el vapor “Adowa”; sin embargo no estaba vencido el espíritu del capitán que en 1914, veinte años después de su última navegación le escribe a uno de sus grandes amigos que seguía soñando.

La despedida de la vida en el mar no fue consciente, fue un proceso lento en el que las condiciones de la vida se fueron imponiendo; pasa el tiempo sin conseguir un contrato de embarque remunerativo y tiene tiempo para terminar de escribir la novela, la que empezó cuando no era un escritor, sino un marino que escribe.

Su novela es publicada y la crítica es favorable, viene el matrimonio, sigue escribiendo, publicando y teniendo éxitos literarios, la vida sigue su curso y el mar ya no es una vivencia sino un recuerdo que empieza a escribirse. Es la forma que tienen algunos de volver a vivir, y tal vez la aceptación del retiro vino cuando en 1919 publicó la recopilación de textos náuticos en “El espejo del mar”.

Conrad hace referencia a esos días en que no volvió a embarcarse en la dedicatoria que le hace a quién estuvo “animando aquellos primeros y oscuros días tras mi despedida del mar”. (2).

Y en la nota del autor, digna de releer, vemos este fragmento:

“Quizás no tenga más que decir, en esta concreta ocasión, sobre estas mis palabras de despedida, sobre este mi ánimo postrero hacia mi gran pasión por el mar. La llamo grande, porque para mí lo fue. Otros podrían llamarlo insensato encaprichamiento. Eso se ha dicho de toda historia de amor. Pero, sea como fuere, persiste el hecho de que se trataba de algo demasiado grande para las palabras”. (3).

 

El marino en Puerto, los océanos, mares e islas de sus historias

“Y en Marsella comencé realmente a vivir” (4), lo recordaba casi treinta años después refiriéndose al tiempo que pasó allá entre barcos antes de zarpar a su primer viaje en el viejo “Montblanc”, y también el tiempo que estuvo allí entre otros dos viajes al Caribe. El joven aprendiz no tiene aún veinte años, viene de las frías ciudades lejos del litoral, y contrasta con la activa vida de puerto, nuevas amistades, buenas y malas, la vida cultural, la ópera, la independencia que lleva a los excesos, los tutores preocupados, la paga que recibe y los gastos de la buena vida más altos que la paga, los cablegramas pidiendo dinero a su tío, los problemas de loca juventud y los viajes desde lejos del tío para ver que está haciendo el muchacho, los llamados a ser responsable y el empujón para que se encarrile por el buen camino. No pocos marinos se sentirán identificados con estos primeros años de su vida profesional.

Los marinos tienen la oportunidad de adquirir una gran cultura general en su paso por los puertos, si son observadores y curiosos pueden aprender gran cantidad de temas que nunca olvidarán, de las personas sus folclores, sus tradiciones, su carácter; de la geografía, navegan en sus ríos, en sus bahías y sus mares, se ubican por sus montañas, conocen sus vientos, el clima, la vegetación, escuchan la historia la escrita y la tergiversada y ven la realidad, aprenden economía de las regiones, sobre los tiempos de ocio, sobre sus literatos. Los de puerto son días en que todos los sensores están trabajando para adquirir toda la información posible, que luego es procesada y almacenada de diferente manera, unos escriben notas profesionales, otros cartas, otros un diario. Conrad fue juicioso en sus observaciones y la forma de almacenar la información fue al parecer en su memoria, pues no existe sino un diario de a bordo documentado. En su tercera vida escribió lo que vio, sumándole lo que después leyó y le agregó su ingrediente mágico de la ficción de su imaginación.

Son muchos los puertos que recorrió en su vida marinera, los biógrafos tienen una lista de más de sesenta en cinco continentes. Algunos influyeron más que otros para la estructura de sus novelas, cuentos o ensayos, pero siempre sacaba personajes, situaciones, realidades y paisajes de cualquier lugar para sus historias.

Como estamos hablando del mar, hablaremos de océanos, mares, golfos, islas, cabos y bahías.

Navegó el mar Caribe como marino aprendiz, seis puertos, pero siempre como base la isla de Martinica. En estos viajes por nuestros mares es cuando nace el mito de uno de sus biógrafos de que estuvo en Colombia implicado en un contrabando de armas durante la Guerra civil de 1875. Documentado, lo más cerca que estuvo fue Puerto Cabello en Venezuela, seguramente desde allá ambientó la Costaguana de “Nostromo” y la lógica aplicada no permite creer la historia de que, un muchacho de 19 años sin experiencia en temas del bajo mundo y que en el barco se desempeñaba como marinero aprendiz, estuviera por aquí desembarcando armas; así sea que en “El amor en los tiempos del Cólera” haya quedado inmortalizada la trama:

¨Contaba que durante una de las tantas guerras civiles del siglo anterior, Lorenzo Daza había sido intermediario entre el gobierno del presidente liberal Aquileo Parra y un tal Joseph K. Korzeniowsky, polaco de origen, que estuvo demorado aquí varios meses en la tripulación del mercante Saint Antoine, de bandera francesa, tratando de definir un confuso negocio de armas. Korzeniowski, que más tarde se haría célebre en el mundo con el nombre de Joseph Conrad, hizo contacto no se sabía cómo con Lorenzo Daza, quien le compró el cargamento de armas por cuenta del gobierno, con sus credenciales y recibos en regla, y pagado en oro de ley. Según la versión del periódico, Lorenza Daza dio por desaparecidas las armas en un asalto improbable, y las volvió a vender por el doble de su precio real a los conservadores en guerra contra el gobierno”.(6)

 

El océano Índico fue paso obligado en los viajes que hizo entre Australia a Inglaterra, también de los viajes al Sudeste asiático y los pasos por la India; a Port Lois (islas Mauricio) llegó como Capitán y este lugar es reseñado en sus biografías por dos de sus pocos romances revelados, que terminaron en su cuento “Una Sonrisa de la Fortuna”. La novela “El Negro del Narcissus” ocurre en la travesía de Bombay a Londres.

Navegó el mar del Norte, por el océano Atlántico, y el mar Mediterráneo, pero los mares de Célebes y de Java, el Golfo de Tailandia, las islas de Indonesia, Borneo y Sumatra, y la península de Malasia son los principales escenarios de sus novelas “La locura de Almayer”, “Un vagabundo de las islas”, “Lord Jim”, “La línea de sombra”, “Salvamento”, y de varios de sus cuentos.

Uno de los viajes que más impactó en su vida, aunque solamente fueron seis meses, fue la navegación y los desembarcos en el río Congo, como pasajero y como capitán encargado, como trabajador frustrado; allí en Boama, Kinshasa y Matadi vio lo más oscuro de la humanidad, escribe su biógrafo John Stape “Su experiencia de las profundidades de la inhumanidad, la rapiña y el cinismo que alterarían para siempre su visión del mundo” (5). “El corazón de las tinieblas”, uno de sus relatos que recomiendo leer sale de este viaje, donde él mismo como capitán Marlow lo ve como “el saqueo más vil que jamás ha desfigurado la historia de la conciencia humana y la exploración geográfica”.

Hay puertos en los que pasó largos periodos de tiempo, y que de alguna manera tuvieron que influir en su forma de ver la vida, por nombrar algunos, Londres (GB), Constantinopla (Imperio Otomano), Lowestoft (GB), Sidney (Australia), Puerto Elizabeth (Suráfrica), Port Louis (Islas Mauricio), Roeun (Francia) y Singapur. Otro puerto en el que no pasó mucho tiempo, pero en el que vio cosas que lo llevaron a pensar y a escribir es Bremen (el caso de los migrantes y el maltrato en los barcos).

Conrad el marino

Joseph Conrad era un excelente marino, de eso no cabe la menor duda, para llegar a esta atrevida conclusión basta leer los capítulos de “El espejo del mar” en que describe las maniobras de cubierta, las maniobras de navegación, la jarcia de los buques, la forma en que entiende la estiba y la estabilidad del barco, basta leer su conocimiento de los vientos y su comprensión para utilizarlos.

Su escrito sobre el hundimiento del “Titanic”, muestra su conocimiento sobre la ingeniería naval basada en la lógica de quien ha vivido y navegado dentro de un barco más de once años, aunque el tema del modernismo y el desarrollo tecnológico lo atemoriza esto no quiere decir que no domine el conocimiento de los barcos en que navegó.

Otro testimonio de la competencia profesional de Conrad es “El libro de la parte alta del río”, son las notas profesionales de navegación que llenó en el Río Congo, durante 800 kilómetros de recorrido descritos con la precisión del marino que sabe que su próximo paso por este sitio será siendo el capitán.

Conrad armado de sextante, almanaque náutico, cartas de navegación imprecisas y compás magnético navegó más de 11 años, 10 de estos en veleros, catorce meses como capitán del “Otago” en el mar de Tasmania, en el mar del Coral y en el peligroso paso por el estrecho de Torres.

Su aprendizaje fue con los barcos franceses, sus exámenes de oficial los logró en la cámara de comercio de Londres calificándose como segundo oficial a los 22 años, primer oficial a los 26 años y capitán a los 29 años. Se consideraba a sí mismo como un buen marino y un oficial responsable y estaba seguro de que no había sido promovido por afecto, sino por profesionalismo.

Sobre su examen de capitán escribiría: “Me había reivindicado en lo que muchos habían denunciado como una obstinación estúpida o un capricho fantasioso”.

El inglés, idioma en que escribió toda su obra literaria lo aprendió en el mar, con marinos, lo aprendió para navegar, lo estudió en bibliotecas y libros náuticos, y siendo marino y gracias a su carrera es que opta por su nacionalidad británica.

Digo que es una atrevida conclusión porque alguien en el siglo XXI puede pasar por insolente al tratar de juzgar el profesionalismo de un marino de finales del siglo XIX, que navegaba a vela y a vapor, sin GPS para conocer su ubicación, sin radar para buscar tierra, nubes y otros buques que representen peligro a más de 12 millas de distancia, sin ecosonda que indique profundidad, sin comunicaciones electromagnéticas, sin cartas electrónicas, sin informes meteorológicos.

Entonces, me he atrevido a hacerlo desde el punto de vista de marino con la experiencia en cosas de barcos que permite saber cuándo alguien es un charlatán, esto más para defender su honra de marino ante el biógrafo Z. Najder en el que se basa gran parte del artículo de Wikipedia inglés “Joseph Conrad's career at sea”. La completa lectura de las citas de Najder deja un agridulce sabor sobre la reputación del marino por la forma en que se presentan las verdades y lo que no se entiende sobre las circunstancias históricas. Estas apreciaciones de habilidades y capacidades en tela de juicio por lo general son hechas desde escritorios, casi siempre lejos del mar, donde en cómodas e inamovibles oficinas alumbradas por luz blanca y con la vista de una selva de cemento, críticos literarios, periodistas, abogados legalistas y un sinfín de personajes pontifican en temas marítimos.

Los personajes de los libros de Conrad

En más de la mitad de la obra de Conrad hay barcos, marinos, o está el mar. El capitán Charles Marlow que aparece en cuatro de sus novelas sería lo más cercano al personaje literario principal, es narrador de historias con una suficiencia moral y profesional como quisiéramos tener todos, lógicamente tal nivel de perfección no existe y sus características están basadas en muchas personas que interactuaron durante su vida con Conrad, incluido él mismo y lo que quiso ser.

Como buen marino siempre se está haciendo cuestionamientos sobre diferentes temas, la forma en que los oficiales británicos ven el deber y el honor, la manera en que se juzga la negligencia, los miedos a las consecuencias de los actos propios, traído a nuestra terminología, la pregunta de “quién soy yo para juzgar los actos de los demás” parece estar a la orden del día, y en estas dudas y cuestionamientos se vuelven el tema sicológico de sus novelas. En el “Corazón de las tinieblas”, es el marino el que denuncia las atrocidades cometidas por los imperios.

El capitán Lingard aparece en tres libros, “La locura de Almayer”, “Un paria de las islas” y “Salvamento”. Tom Lingard es el personaje intrépido y aventurero, el de los romances, el que lucha por las causas independistas de los oprimidos. Igualmente, aunque está basado principalmente en un capitán célebre por conocerse los mares del sureste asiático, Conrad le adicionó carácter e historias que no se parecían a lo que era el verdadero capitán.

En la llamada trilogía de Bangkok, que tiene los cuentos “Falk” y “El confidente secreto”, y la novela “La línea de sombra”, los personajes de ficción son basados en una especie de autobiografía, con ficción e imaginación. Pero no es solo en este libro donde Conrad inspira algún personaje de su obra, incluidas sus dudas y cavilaciones.

Dominique Cervoni, marino que lo doblaba en edad y que conoció en sus viajes al Caribe es el personaje de “Nostromo”, “El pirata” y “Suspenso”, los biógrafos coinciden en que es un alter ego de Conrad.

Por este motivo es que hemos escogido a Joseph Conrad como un personaje literario del mar, dentro de esta selección de la Agenda del Mar 2020.

Marguerite Paradowska era una escritora consolidada que llegó a la vida de Conrad cuando él empezaba a escribir, vivían en distintas ciudades y las veces en que se encontraron fueron tan pocas que todas están documentadas. La amistad que llegaron a tener fue profunda gracias a la correspondencia que se cruzaron durante años. Biógrafos que no conocen el poder de la amistad intelectual entre hombre y mujer han querido crear un romance inexistente. Ella es la inspiración de la prometida en el “Corazón de las tinieblas”.

Los Barcos de Conrad

Navegó en cerca de veinticuatro barcos entre veleros, vapores, embarcaciones de pilotos y se cuenta el “Nellie”, la Yola de Fountaine Hope, su amigo marino, con el que hacía navegaciones por el Támesis cuando ya contaba historias.

El primero, el destartalado vapor “Montblanc” de bandera francesa, el de los viajes al Caribe; luego viene el “Saint Antonie”, que hizo célebre García Márquez por nombrarlo como el transporte de las armas de contrabando compradas por Lorenza Daza en el “Amor en los tiempos del Cólera”; en Marsella fue piloto de dos embarcaciones pequeñas, luego el Vapor “Mavis”, su primer barco británico, el que la abrió las puertas a su nueva marina mercante; la Goleta “Skimmer of the Sea”, la de los cortos viajes en Inglaterra donde aprendió mucho al capitán William Cook; después del “Duke fo Sutherland” con el que navegó la ruta a Australia y cruzó el cabo; “Europa” es el vapor en que recorrió los puertos del mediterráneo; el “Loch Etive”, clíper que transportaba lana, y en el que hizo su primer viaje como oficial su capitán John Stuart inspiró a Lord Jim; el “Palestine” es el barco en el que vive el naufragio en el golfo de Tailandia, de esta historia nación “Juventud”; el Sissie, en el que viajó como pasajero hacia Singapur; el “Rivesdale”, clíper en que va como segundo oficial en el océano Índico; en el “Narcissus” es segundo oficial y de aquí nace parte de la historia de “El negro del Narcissus”; el “John P. Best”, vapor que toma en Amberes; el “Tilkhurst” clíper en que siendo segundo oficial vive el incidente del marino que salta por la borda por una pelea que traería consecuencias graves; el “Falconhurst”; el “Highland forest”, en el “S.S. Celestial” viaja de Java a Singapur como pasajero; el “Viar” es un vapor de bandera árabe, de cabotaje entre Célebes y Borneo; luego llega el “Otago” barco australiano, el primer bajo su mando; en el vapor “Nürnberg” de vadera alemana viaja a Europa como pasajero por canal de Suez; en el “Ville de maceio” viaja como pasajero de Bruselas al Congo; el “Rois des Belges”, el de la navegación por el río Congo ; después llega el “Torrens”, clíper rápido que cubre la ruta Plymouth-Adelaida, en que su capitán Walter Cope es su amigo, dice una nota que posiblemente fue el mejor barco lanzado desde los astilleros de Suterland. Conrad escribe sobre él: “A ship of brilliant qualities – the way the ship had of letting big seas slip under her did one's heart good to watch. It resembled so much an exhibition of intelligent grace and unerring skill that it could fascinate even the least seamanlike of our passengers” (6). “Un barco de cualidades brillantes: la forma en que el barco dejaba que los grandes mares se deslizaran debajo de ella era bueno para mirar. Se parecía tanto a una exhibición de gracia inteligente y habilidad infalible que podría fascinar incluso al menos marinero de nuestros pasajeros”.

Su último embarque es en el “Adowa”, como segundo oficial, un vapor viejo con filtraciones de agua que llevaría emigrantes de Francia a Quebec y Montreal, pero no hubo viaje. Después de dos meses en Rouen esperando que saliera renunció y regresó a Londres.

  1. Carta a Harriet Mary Capes, 21 de julio de 1914, letters, 5, pp.400.
  2. El espejo del mar. P. 16.
  3. El espejo del mar. traducción de Javier Marías. Libros Hiperión P. 18.
  4. Carta a Galsworthy, 8 de mayo de 1905. Letters, 3, p.240.
  5. García Márquez, Gabriel. El amor en los tiempos del Cólera p. 200.
  6. The Conradian: the journal of the Joseph Conrad Society (UK), Volumes 32–33, The Society, 2007, p. 134
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