¿Cómo afecta el carbón las aguas de Santa Marta?

Cuando Felipe Ospina viajó de paseo a Santa Marta, a finales de enero, se sorprendió por lo sucia que a veces se ve la playa en el sector turístico del sur de la ciudad
Cuando Felipe Ospina viajó de paseo a Santa Marta, a finales de enero, se sorprendió por lo sucia que a veces se ve la playa en el sector turístico del sur de la ciudad. “Cuando te duchas, además de la arena, te tienes que quitar el carbón”, relata este turista paisa que, entre sentimientos de nostalgia y de tristeza, añora los tiempos en los que estas playas eran “hermosas, limpias y magníficas”.
 
Frente al hotel donde Felipe se hospedó, que está cerca del aeropuerto y el municipio de Ciénaga, es habitual ver pasar las barcazas cargadas de carbón que se dirigen a los grandes barcos ubicados mar adentro. El mineral es descargado con palas mecánicas, pero no todo va a parar dentro de esos barcos.
 
Que el viento esparza polvillo de carbón por el aire y los suelos, o que algo del mineral caiga al mar durante su transporte y embarque, no era algo por lo qué alarmarse pues se había vuelto costumbre. Casi nadie había pegado el grito en el cielo hasta que unas fotografías pusieron al descubierto el accidente que sufrió una barcaza cargada con 2.957 toneladas de carbón, el pasado 13 de enero. Se calcula que entre 500 y 1.800 toneladas cayeron al mar.

La empresa Drummond, dueña de la barcaza, admitió que para evitar que se hundiera, “se tomó la decisión de sacar paladas de agua (con una grúa) mezcladas con carbón y depositarlas en el mar”. Esa misma semana la Agencia Nacional de Licencias Ambientales cerró temporalmente el puerto de la empresa y le exigió que para poder reabrirlo debía realizar ajustes inmediatos a su plan de contingencia.
 
Efectos sobre los ecosistemas
 
Solamente en 2012 salieron de Santa Marta y Ciénaga cerca de 55 millones de toneladas de carbón y la pregunta que muchos defensores del medio ambiente se hacen hoy, a raíz del escándalo, es cuánto de ese carbón -y de años anteriores-, habrá caído al mar y realmente cómo se están afectando los ecosistemas marino-costeros.
 
La Defensoría del Pueblo de Santa Marta ha concluido –según cita el diario Primicia – que con esta actividad carbonera los habitantes de los sectores de influencia del cargue de carbón por barcazas han tenido que ver dramáticas transformaciones en el paisaje de entorno; alteración de la dinámica hidráulica de la región; contaminación de aguas, suelos y aire; cambios drásticos de las coberturas del suelo; afectación de las especies de flora y fauna, entre otros problemas.
 
Algunos habitantes de Santa Marta aseguran que la extinción de especies como las almejas y el chipichipi, la muerte del plancton y la preocupante mortandad de peces son algunos de los efectos graves que genera la contaminación del mar por carbón. Así lo menciona Reinaldo Spitaletta en su columna de El Espectador “Qué buena chica es la Drummond”.

No obstante, para Juan Manuel Díaz, biólogo y gerente del programa de Ciencia de Marviva, no se ha demostrado todavía el efecto químico del carbón sobre los ecosistemas y sus especies. “Hasta donde conocemos, el carbón es un mineral más en el agua, se comporta como un grano más de arena. Obviamente todo depende de la cantidad. Si uno derrama una barcaza de carbón encima de un arrecife, obviamente se afectará, pero el sitio por donde se transporta el carbón es de fondos blandos o sedimentarios. La participación de los granitos de carbón en el sedimento es actualmente del 5% y no está demostrado que tenga impactos biológicos”, aseguró el científico en entrevista con AGENDA DEL MAR.
 
Para la Dirección General Marítima (Dimar), el carbón proveniente de las minas del Cesar contiene pocos metales pesados y el riesgo de contaminación química es poco probable. Sin embargo, la bióloga marina Sandra P. Vilardy, advierte en un artículo publicado en Razonpublica.com, que una súbita acumulación de carbón sobre este ecosistema (de fondos blandos) puede tener varias consecuencias: impide que penetre la luz lo que inhibe a las microalgas para realizar la fotosíntesis; al caer el carbón, los procesos de alimentación de los pequeños organismos filtradores se ven afectados; se puede ocasionar una gran cantidad de individuos muertos, entre otros efectos. 
 
Problema de fondo
 
Aunque no hay nada concluyente sobre el impacto en los ecosistemas marino-costeros, sobre lo que nadie duda son los efectos del polvillo de carbón para la salud humana. Los sitios donde se acopia el carbón están a cielo abierto, su polvillo se esparce por el aire, congestiona los pulmones y ocasiona enfermedades mortales como la silicosis.
 
Para Díaz, de Marviva, todo este problema radica fundamentalmente en la falta de planificación de uso de los espacios marinos y costeros. “Si a Santa Marta le pusieron como apellido Distrito Turístico, Cultural e Histórico, ¿por qué en su momento no dijimos que no era posible permitir actividades como las industriales y de exportación de carbón, que por naturaleza ensucian? Si el carbón fuera blanco no habría tanta protesta. Por supuesto, hay un impacto visual que afecta otras actividades como el turismo, que no son compatibles con la presencia de cuerpos de carbón. En La Guajira no hay conflicto porque el turismo no es relevante; allá también cae carbón al agua y se pueden estar afectando las praderas marinas, pero no hay bulla, nadie se queja”, cuestiona el experto.
 
Parte de tranquilidad para los buzos: arrecifes de coral no hay en la zona sur de Santa Marta, que además está bastante alejada de Taganga y los demás puntos donde sí hay presencia de estos ecosistemas. Por lo tanto, la actividad del buceo no se ha visto afectada por el carbón, sostienen los instructores consultados por AGENDA DEL MAR. 

¿Soluciones?
 
El accidente de esta barcaza ha movilizado a la opinión pública y ha llevado a las autoridades a exigir un mayor compromiso de los organismos ambientales y de las empresas mineras con los ecosistemas de la región. Para evitar que sigan ocurriendo más accidentes de este tipo, se plantea como una solución la medida de solamente permitir el cargue directo a los barcos, la cual entra en vigencia a partir de 2014.
 
Hoy en día, a lo largo de 26 kilómetros de la bahía de Santa Marta, hay cuatro puertos para la exportación carbonífera (ver gráfico en El Espectador). Solamente uno, el de Santa Marta, lo hace mediante carga directa desde 2003. Los demás (Prodeco, Drummond y Colombia Natural Resources) siguen usando barcazas. Actualmente se avanza en la construcción de Puerto Nuevo -que reemplazará al de Prodeco y será de cargue directo-, y se espera que los puertos de Drummond y CNR se modifiquen antes de 2014 para poder cumplir con la medida.
 
El cargue directo evitará en gran medida el vertimiento de carbón a la bahía de Santa Marta, pero la construcción de estos puertos genera preocupación por las consecuencias que los procesos de dragado puedan generar sobre los ecosistemas marinos.
 
Y no se puede pensar solamente en los puertos. Son más de 200 kilómetros de ferrocarril carbonero desde La Jagua de Ibirico en Cesar hasta Santa Marta, en donde se libera polvillo al aire por el acopio a cielo abierto.
 
“Con el nuevo puerto el problema del polvillo se va a trasladar hacia Ciénaga. No se puede ver solamente el impacto en el mar, sino también en las vías por donde se transporta. El problema hay que tratarlo integralmente”, insiste Juan Manuel Díaz.
 
Fotos: Agenda del Mar y Felipe Ospina
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