Buceo ecológico: mucho más que no dañar los arrecifes

El buceo ecológico no se limita a seguir ciertas recomendaciones dentro del agua, como controlar la flotabilidad y mantener bien sujetados los equipos para evitar el daño a los arrecifes.
El buceo ecológico no se limita a seguir ciertas recomendaciones dentro del agua, como controlar la flotabilidad y mantener bien sujetados los equipos para evitar el daño a los arrecifes. El compromiso de cuidar los ecosistemas marinos comienza desde antes de entrar al agua, con una serie de acciones que le apuestan a la sostenibilidad de la actividad.
 
Hay paraísos del buceo donde la preservación de la vida marina es una prioridad. Es el caso de Bonaire, donde la zona protegida del Parque Nacional Marino comienza en la orilla del mar y se extiende hasta una profundidad de 60 metros/200 pies, lo que asegura el futuro de los arrecifes como ecosistema y como fuente de ingresos principal de la isla.
 
Para poder cumplir su misión protectora, todos los usuarios del Parque, incluidos los turistas, están obligados a pagar un peaje ecológico anual. Los buzos deben pagar 25 dólares y se les entrega una ficha o Tag de la Naturaleza que deben llevar visible en su chaleco BC.
 
Las reglas en Bonaire son estrictas. Antes de ser admitidos a bordo de una embarcación de buceo o de poder bucear desde la orilla por su cuenta, los buzos están obligados a asistir a un briefing o instructivo, seguido de una inmersión de comprobación de idoneidad para demostrar su control de flotabilidad. Una de las normas del parque es la prohibición de llevar guantes protectores y rodilleras para asegurar que los buzos se mantengan alejados del coral.
 
En Colombia, Malpelo es ejemplo del estricto control que se hace a la actividad del buceo con el fin de evitar impactos indeseables sobre los ecosistemas. Según el Reglamento de Uso, por ejemplo, las empresas transportan un máximo de 20 buzos y no pueden permanecer más de una embarcación a la vez en el área.
 
Compromiso fuera del agua

Para la reserva natural Sanguaré, en el golfo de Morrosquillo, el compromiso ambiental de los buzos va mucho más allá de recalcar la técnica adecuada para bucear y comienza con el mantenimiento de los equipos que se usan en la actividad: “Cuando están en buen estado y se usan productos apropiados para ello, que no sean peligrosos para el medio ambiente, ahí es cuando empieza la cadena y se puede hablar de buceo ecológico”, afirma Álvaro Roldan, gerente del ecolodge.
 
En Sanguaré se usa aceite de coco y aceite de palma de vino (Attalea butyracea), producidos de manera natural en la zona y se llevan controles periódicos a los botes, sobre todo a los motores para procurar su óptimo estado. Incluso se está promoviendo el cambio a motores de cuatro tiempos y cascos más livianos con el fin de reducir el uso de combustible.
 
Los compresores deben tener mantenimiento preventivo, especialmente en los filtros, para que la calidad del aire sea buena. Así no solo se preserva la salud de los buzos sino que se evita un mayor consumo de gasolina.
 
También se ahorra combustible con la planeación de los viajes, “procurando hacer los dos buceos en la misma línea de navegación, dependiendo de las condiciones técnicas, ambientales y los objetivos que tengamos”, señala Álvaro.
 
En la operación de buceo como tal, “en lugar de tirar las anclas a los arrecifes nos pegamos de las boyas y, si no las hay, anclamos en zonas de arena”, anota.
 
En la Reserva ya tienen clasificados los puntos de buceo, de acuerdo con su grado de fragilidad. Con los buzos de poca experiencia se evitan las zonas con esponjas y estructuras coralinas blandas. Se prefieren las zonas de corales duros y los arenales para hacer las maniobras de entrenamiento.
 
Incluso desde los refrigerios se piensa en la sostenibilidad. “No generamos desechos sólidos con mecato. En lugar de eso, pedimos a los buzos que consuman tortas, enyucados, panelitas de ajonjolí y platanitos que producimos en la región y que llevamos en empaques reutilizables como cajitas herméticas de plástico o de metal”, comentó Álvaro Roldán.
 
Claves para ser un buzo ecológico
  • Controle la flotabilidad, asegurándose de no tocar organismos frágiles con el cuerpo o el equipo. Evite golpear el fondo y aletear contra la tierra o rocas.
  • El equipo no debe colgar. Sujete las mangueras al BC para evitar que se enreden o golpeen en los corales. Mantenga bien sujetos los manómetros y la fuente de aire alterna de modo que no se arrastren por el arrecife u otro hábitat vital.
  • No se lleve ningún recuerdo. Una gorgonia tarda un año en crecer, un coral tarda cientos de años en formarse.
  • Siga cursos de educación continua para mantener en óptimo estado sus destrezas de buceo.
  • Entienda y respete la vida subacuática. Jugar con los animales o usarlos como alimento para otras especies puede dejar secuelas de destrucción, alterar los ecosistemas locales e impedir que otros buzos puedan disfrutar de estas criaturas.
  • Sea un ecoturista. Tome decisiones informadas al seleccionar un lugar de destino y elija operadores medioambientales del Projet AWARE u otros centros que respeten la sostenibilidad del entorno.
 
Fotos: Shutterstock (principal y última) y Agenda del Mar (centro).
 

 

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