Agenda del mar

Los ecosistemas, otros grandes damnificados de IOTA

Por: Agenda del Mar - Publicado: 12/03/2020
Fotos: José María Chamorro y Lina Cardona
Después del arrasador paso del huracán Iota por el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, los primeros esfuerzos se concentraron, como es natural, en atender las urgencias de los habitantes de las islas.

Después del arrasador paso del huracán Iota por el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, los primeros esfuerzos se concentraron, como es natural, en atender las urgencias de los habitantes de las islas. Luego, vendrá, además, un intenso trabajo para tratar de recuperar los ecosistemas terrestres y marítimos.

Cuando los vientos se aquietaron, Phanor Montoya, director de Corales de Paz, salió a recorrer las zonas de San Andrés en las que hay más árboles para ver en qué estado habían quedado. Por la fuerza del viento y el agua salada, la vegetación parecía quemada, como si allí se hubiera presentado un incendio.

 

Luego viajó a Providencia y encontró un escenario desolador. En el Peak, la montaña más alta de la pequeña isla de apenas 17 kilómetros cuadrados, los árboles habían sometidos a tal furia del viento que no había quedado ni una sola hoja prendida a las ramas. “La naturaleza terrestre quedó arrasada y no sabemos cómo quedaron los corales porque no ha sido posible hacer las verificaciones, lo que se diga ahora sería especulativo, pero esperamos que por ser más larga y en mejor estado, la barrera coralina haya resistido mejor que la de San Andrés”.

San Andrés y Providencia han vivido al menos seis tormentas tropicales y han sentido los coletazos de tres huracanes en los últimos 30 años, pero esta fue la primera vez que un huracán categoría 5 tocó las islas.

 

Cada vez que pasa un huracán es evidente el daño en los ecosistemas terrestres y marinos. Visualmente se nota un deterioro en toda la cobertura vegetal desde la línea costera hasta la parte más alta de la isla.

 

Los manglares cumplieron su papel de protección costera, pero murieron haciendo su trabajo. La ventaja de los manglares es que es un ecosistema muy resiliente y ya vemos las primeras plántulas creciendo”, dice Phanor.

 

Según relata, el daño a nivel marino es evidente en la línea de costa, algún litoral rocoso fue destruido, algunas playas desaparecieron y hay un desplazamiento de grandes cantidades de arena, debido a las fuertes corrientes.

 

Los daños en el fondo del mar son más difíciles de valorar. Lo que es claro, es que San Andrés y Providencia tienen en su jurisdicción el 77 % de los arrecifes de Colombia. Su función, como la de los manglares, es proteger la isla de los huracanes y las olas agitadas.

 

Jorge Sánchez, master instructor de Help 2 Oceans, explica que en San Andrés las terrazas coralinas del costado oeste están muy cerca de la costa, por lo que la afectación es mayor. “Cuando se presentan huracanes de este tipo, en los primeros 12 metros las algas, las esponjas y los corales son prácticamente arrasados”, dice.

 

Los que más debieron sufrir fueron los corales ubicados en la parte somera, especialmente los ramificados como el coral cuervo de ciervo (Acroporas cervicornis) y el cuerno de alce (Acropora palmata).

Sobre lo ocurrido, el ministro de Ambiente, Carlos Eduardo Correa dijo que además de la reconstrucción de las infraestructuras afectadas y la atención a las personas damnificadas, el gobierno nacional desarrollará un plan de recuperación ambiental en el archipiélago: “Podemos ver que los ecosistemas han sido afectados: el bosque seco tropical, los corales y los manglares. Ahora tenemos el gran reto de reconstruir estos ecosistemas y el gran desafío de construir un megavivero en la isla de Providencia, de la mano con las comunidades, para ayudar no solo a la reactivación económica sino a la recuperación de estos ecosistemas”, dijo.

 

Según Phanor Montoya, hay que evaluar cualitativa y cuantitativamente el estado de los ecosistemas terrestres y marinocosteros para iniciar rápidamente los planes de acción enfocados hacia la restauración activa, buscando acelerar los procesos de regeneración del ecosistema.

 

La primera etapa es de remoción de desechos en el fondo marino, que puede tomar hasta 4 meses, y luego vienen unas acciones tendientes a facilitar la recuperación que hace la misma naturaleza.

 

Según los cálculos de Jorge Sánchez, la restauración de las condiciones que se tenían antes del huracán puede tardar hasta 15 años.

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