Agenda del mar

El futuro de nuestros océanos

Por: Agenda del Mar - Publicado: 10/01/2020
Foto: Conservación Internacional Colombia
La vida en el océano no es como era hace 30 años, su rápido deterioro nos hace predecir un futuro desalentador. Aunque también se reorganizará y adaptará a los cambios, para algunas especies ya será demasiado tarde.

Por: Maria Claudia Diazgranados, Conservación Internacional Colombia

Qué difícil es imaginarse el estado natural de los océanos antes de la intervención humana. Nuestra memoria es bastante limitada y el conocimiento que tenemos lo sacamos de las crónicas de los navegantes, usualmente pescadores y cazadores de ballenas, de los piratas que surcaban los mares en busca de tesoros y de los misioneros que llegaron a lugares inexplorados con la excusa de ¨educar¨ a las comunidades de esas regiones. Basta solo mencionar algunos ejemplos para intuir la magnitud de la riqueza marina antes del desarrollo de la industria pesquera, que fue evolucionando a medida que crecían las necesidades de una población humana en constante aumento.

Las ballenas y cachalotes, que dominaban las profundas aguas de nuestros mares, no solo fueron diezmados para extraer su carne sino también para otros productos como el aceite, utilizado en las lámparas de las principales ciudades europeas en los siglos XV, XVI y XVII, y el ámbar gris, elemento esencial en perfumería. A pesar de la intensa cacería de estas especies, aún hoy tenemos la suerte de poder verlas y disfrutar de su magnificencia, aunque sus números han sido reducidos a más de la mitad de su población original en algunos casos. La vaca marina de Steller, un sirénido de cerca de 8 metros de longitud y de 4 a 10 toneladas de peso, es otro nefasto ejemplo, ya que fue completamente exterminada en menos de treinta años, sin tener mayor relevancia para la humanidad en esa época. El último ejemplar vivo fue reportado en la Isla de Bering en el año 1768.

 

Tan solo treinta años después, el capitán estadounidense Edmund Fanning, a bordo de la embarcación Betsy, quien se dirigía desde las islas de Juan Fernández hacia Cantón, en China, con un cargamento de piel de foca extraído de las aguas chilenas, casi se estrella con un atolón en medio del océano Pacífico. El Atolón Palmyra, como se conoce actualmente, era un sitio de una riqueza marina exuberante, miles de tiburones, atunes y otros grandes predadores encontraban refugio en estas aguas. Fanning cuenta que, mientras sus hombres se bajaron a tierra a colectar cocos, él se quedó capturando salmonetas desde el barco y pescó, en breve, más de 50 animales de hasta 5 kilos cada uno, suficientes para alimentar a toda la tripulación rumbo a su destino. Hoy en día, este atolón es considerado uno de los únicos lugares en el planeta en donde en sus aguas someras aún existe una rica y diversa vida marina, como lo fue hace más de 300 años. Es un lugar donde un buzo puede remontarse en el tiempo y ver cómo eran nuestros océanos antes de la actividad pesquera y la intervención humana.

 

¿Pero qué ocurre ahora? La pesca fue evolucionando poco a poco, desde pequeñas embarcaciones con redes someras que capturaban las especies más apetecidas cerca a la costa, hasta barcos factoría con motores y la capacidad de procesar productos en alta mar, intentando encontrar cardúmenes más grandes y suplir la demanda de la creciente población humana.  La pesca de arrastre es un ejemplo de esto, en sus etapas iniciales las redes someras acabaron con los hábitats costeros, especialmente en Europa y Estados Unidos. Se sabe que en 1376 fue Eduardo III de Inglaterra quien alertó a la población sobre el carácter destructivo de esta arte, incitando a prohibirla en el mMar del Norte. Sin embargo, en lugar de esto, el arrastre fue modificado para lograr más impacto y alcanzar mayores profundidades en busca de otras especies, ya que, en las costas, los recursos se fueron agotando no solo por la captura directa sino por el daño irreversible causado al hábitat. Irónicamente, actualmente, es una de las artes utilizadas en países como el nuestro.  

 

Además del aumento del esfuerzo pesquero en el planeta para suplir la demanda de proteína de una población de más de 7.808.000 millones de habitantes (agosto 2020), debemos considerar que muchas de las actividades que hacemos día a día están impactando negativamente a nuestros océanos: el aumento acelerado de la temperatura del planeta debido al efecto invernadero, la contaminación marina, la exploración de los fondos para extraer combustibles fósiles, el aumento del transporte marítimo y su consecuente contaminación acústica son solo algunas de las amenazas que ponen en riesgo la salud de los océanos. Las predicciones de nuestro planeta, siguiendo estas tendencias destructivas, no son muy alentadoras.

 

Pero la diáspora global no se trata solo de pérdida. Con el cambio muchas especies florecerán y algunos países se beneficiarán. William Cheung, profesor de la universidad de Anglia del Este, y sus colegas, construyeron un elaborado modelo para predecir la reorganización de la vida en el planeta a partir de ahora y hasta el 2055.

 

Según este modelo, con el calentamiento global, muchas especies migrarán hacia los polos. Aquellas que habitan hoy en día esos ecosistemas y que no pueden desplazarse a ningún otro sitio perecerán, seguramente, como los osos polares y las morsas.  La vida cambiará notablemente, como lo ha hecho a lo largo de la historia. Para el ser humano, las consecuencias serán más severas ya que no hemos sido capaces de detener el crecimiento poblacional, y seguimos emitiendo gases que alteran la temperatura del planeta y destruyendo los bosques y utilizando combustibles fósiles en aras del poder económico. 

 

El problema no es el cambio, ya que este es normal para la vida en le planeta, el problema es la velocidad a la cual se está dando ese cambio.

 

Algunos datos interesantes:

  • ¿Sabías que, en los últimos 30 años, el 90% de la población de Pingüinos de Adelia (Pygoscelis adeliae) ha desaparecido debido al calentamiento global? Hoy en día existen 2 millones de parejas reproductoras, sin embargo, esta especie ¨indicadora del cambio climático¨ puede desaparecer muy pronto si el aumento de temperatura continua con las tendencias actuales.
  • Afortunadamente en el año 2000, gracias al liderazgo de TNC (The Nature Conservancy) el Atolón Palmyra fue designado como un refugio de vida marina en donde no se puede hacer pesca, y las actividades humanas son limitadas. Debemos crear más refugios como este para garantizar que la vida marina se mantenga.
  • Ecosistemas con mayor diversidad de especies y mayor complejidad tienden a ser más resilientes y a adaptarse mejor a los cambios. Aquellos que han sido deteriorados tienen menos oportunidades de adaptarse.
  • Es una ley física: los elementos cálidos ocupan más espacio que los fríos, por lo que cuando el hielo del casco polar se descongele debido al aumento global de la temperatura, tendremos más agua en los océanos que ocupará más espacio y tomará posesión de las costas, principalmente en las regiones tropicales.
  • Miami, Venecia, Tokyo, New Orleans y otras 7 megaciudades costeras, seguramente, desaparecerán como la Atlántida a medida que aumenta el nivel del mar.

 

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