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La historia del buceo

Para buscar tesoros, alimento, estudiar las especies, combatir a sus enemigos, por diversión o por simple curiosidad, el hombre se ha visto atraído a explorar el mar y sus profundidades, dejar suelo firme y sumergirse en la búsqueda de lo desconocido, búsqueda que comenzó desde la prehistoria. ¿Alguna vez nuestros antepasados se imaginarían que podrían descender hasta 400 metros bajo el mar e incluso más?

¿Alguna vez nuestros antepasados se imaginaron que podrían descender hasta 400 metros bajo el mar e incluso más?

Para ellos, los ojos expuestos al agua salada sin poder hacer nada contra la limitación visual, sumergiéndose hasta donde el cuerpo y flotabilidad permitieran, fue su contacto con las profundidades, pero también fue el inicio de todo. Con el paso del tiempo, el ingenio y creatividad del hombre permitió una inmersión a mayor profundidad gracias al peso extra del lastre, mejorar la visión con los lentes y un. Mejor movimiento bajo el agua gracias a las aletas, que simulaban las extremidades de animales acuáticos.

Con lastre, lentes y aletas, el hombre ya tenía resuelta una buena parte de los problemas que se le presentaban bajo el agua, pero le hacía falta el recurso más importante: el aire para respirar bajo el agua durante un tiempo más prolongado. Harían falta muchos siglos para que, por fin, el buceo fuera autónomo y evolucionara hasta los equipos que conocemos hoy en día.  El ser humano pasó de sumergirse con una bocanada de aire y la fuerza únicamente de su cuerpo, a explorar el mar con un tanque de aire en su espalda y un computador en su mano.

Gracias a todos estos inventos y descubrimientos, entre los que destaca el célebre Jacques Cousteau como uno de sus protagonistas, el fondo del mar dejó de ser tan temido y misterioso. Al alcance de cualquier persona estaba ya la posibilidad de repetir las hazañas de los primeros buceadores, unos auténticos valientes, que se aventuraron a lanzarse en el mar.

Desde la prehistoria, sumergiéndonos con una bocanada de aire y la fuerza de nuestro cuerpo, hasta los tanques de oxígeno y computadores bajo el agua, conoce la historia y evolución:

  • 4.000 a.C.  Las conchas de moluscos encontradas en las costas del mar Báltico y de Portugal sugieren que el hombre prehistórico ya se sumergía en el fondo del mar para atrapar estos animales que viven varios metros por debajo del nivel del mar.
  • Los polinesios primitivos usaron los primeros lentes. Consistían en un armazón de madera con una lámina transparente de carey u otras conchas de tortugas marinas. Eran binoculares (uno para cada ojo) y se adaptan a la órbita del ojo para impedir la entrada del agua.
  • 2.000 a.C. Desde la antigüedad, las ‘’amas’’ japonesas se han destacado como recolectoras de ostras y perlas. Son expertas apneístas que descienden a más de 20 metros de profundidad.
  • Dentro de las ruinas del palacio del rey persa Asurbanipal II se encontró un bajo relieve del año 800 a.C. donde se aprecia un guerrero sumergido que al parecer toma el aire de una vejiga de carnero que lleva bajo el pecho.
  • 600 a.C. En la antigua Grecia, las máscaras estaban hechas en madera con vidrio acoplado.
  • 335 a.C. En su obra Problemas, Aristóteles mencionaba la ‘’lebeta’’, un caldero invertido donde los buzos podían respirar ya que retenía el aire y no se llenaba de agua, a menos que se inclinara un poco y perdiera la vertical.
  • Hacia 322 a.C. Alejandro Magno realiza una inmersión dentro de un tonel. Fue la primera campana de buceo. Era de madera y fijada con anillos de cobre.
  • En 168 a.C. se usaron buzos para rescatar el tesoro que Perseo, el último rey de Macedonia, lanzó al mar después de una batalla. 
  • En el Imperio Romano se destacaron los ‘’urinatores’’, un grupo especial de buceadores de combate que estaban equipados con un tubo respirador y cuchillos para atacar los barcos enemigos. También eran muy hábiles rescatando objetos del fondo marino. Para mejorar la visión dentro del agua, los ‘’urinatores’’ llevaban en la boca una esponja empapada de aceite, el cual iban soltando ante sus ojos para modificar el índice de refracción del agua.
  • Leonardo da Vinci (1452-1519) diseñó unas aletas ‘’pies de pato’’, unos guantes palmeados y una caperuza de cuero que cubría la cabeza y de la que salía, a la altura de la boca, un tubo respirador que llegaba a la superficie. La caperuza estaba cubierta por agudas púas para defenderse de los peces.
  • 1680 el físico italiano Giovanni Borelli ideó un modelo que se anticipó a la escafandra autónoma, pero nunca se usó pues no resolvía la renovación del aire desde la superficie.
  • En 1690 Edmond Halley inventó una enorme campana de buceo en cuyo interior había un banco donde descansaban los  buzos. La campana recibía aire desde la superficie mediante barriles.
  • En 1715 el inglés John Lethbridge construyó el primer equipo de buzo completo. El buceador se metía en un barril de madera conectado a la superficie con un cable. A la altura de la cintura le colgaban plomos para romper la flotabilidad y tenía unas mangas de cuero para sacar los brazos. Tenía el inconveniente de tener que salir hasta la superficie para rellenar el barril de aire.
  • En 1797, Karl Henrich Klingert ensaya un aparato que respondía a los principios aplicados a la escafandra moderna. Se componía de un sólido cilindro de hierro estañado que rodeaba la cintura y una cúpula que protegía la cabeza.
  • En 1819 el ingeniero alemán August Siebe fabrica el primer casco metálico para buceo, con una chaqueta fijada a la cintura. A este invento lo llamó ‘’escafandra’’. El aire se suministraba desde la superficie por medio de un conducto.
  • En 1837, el mismo Siebe y su socio Gorman desarrollan la escafandra ‘’pies pesados’’, la cual se completaba con unos botas con suelas de plomo.
  • En 1865, los franceses Rouquayrol y Denayrouse inventaron la primera escafandra autónoma: el buzo transportaba su propio aire en un depósito esférico colocado en la espalda que contenía aire a 30 o 40 atmósferas de presión, con un regulador elemental y una manguera que suministraba aire desde la superficie y que se podía desconectar por breves periodos de tiempo mientras el buceador seguía respirando de la reserva de su depósito. Le dieron el nombre de ‘’aeróforo’’ e inspiró a Julio Verne en su obra Veinte mil leguas de Viaje Submarino.
  • En 1878 Paul Bert publica resultados de estudios hiperbáricos con Nitrox, que es una mezcla respirable de nitrógeno con oxígeno con proporciones distintas a las del aire atmosférico.
  • 1878. Henry A. Fleuss inventa el primer “rebreather” o reciclador de oxígeno en circuito cerrado. Los gases expulsados por la respiración recirculan por un filtro compuesto de hilos empapados en potasa cáustica que elimina el CO2 antes de ser respirados nuevamente.
  • En 1911 se realizan las primeras pruebas masivas de buceo con Nitrox
  • En 1926 un investigador francés, Yves Le Prieur, inventa la escafandra que proporciona al buceador una autonomía real, gracias a la botella con aire a alta presión (150 atmósferas), y un regulador manual por un sistema de aguja de válvula. Pero este aparato no disponía de un sistema de control del consumo, lo que limitaba mucho su autonomía.
  • En 1935 el comandante de Corlieu inventa las primeras aletas.
  • Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1940, italianos y británicos utilizan rebreathers en operaciones militares en Gibraltar.
  • En 1942 el ingeniero Emilien Gagnan y el comandante Jacques Ives Cousteau inventaron la verdadera escafandra autónoma. Se llamó ‘’Aqualung’’ (pulmón acuático) y estaba compuesto por dos o tres botellas de aire comprimido y un regulador que suministraba al buzo el aire necesario a la presión ambiente, sin correr riesgos de accidentes o asfixia.
  • Este invento permitió a Frédéric Dumas, en 1943, alcanzar los 63 metros de profundidad y fue el que definitivamente abrió las puertas del mundo submarino a miles de buceadores.
  • En la década de los 50 aparecieron los primeros trajes de neopreno  y los primeros dispositivos para el control de la flotabilidad (BCD).
  • En 1980  se  funda  DAN  (Dives  Alert  Network),  primera  red  de  seguridad  para  buzos, en  la  universidad  de  Duke, donde  en  1981  se  alcanza  la  mayor  profundidad  en inmersión simulada en cámara : 750 m., respirando heliox.

Años 80 y 90. Aparecen los rebreather SCR para uso recreativo con Nitrox.

Hoy en día. Aparecen inventos como vehículos de propulsión subacuática o ‘scooters’, diseñados para facilitar el movimiento del buzo, permitiéndole explorar zonas más amplias, con menor esfuerzo y mucho más rápidamente.

Una vez descubierto ese mundo submarino, maravilloso y asombroso, aparecen las agencias que diseñaron cursos para certificar personas a nivel recreativo. A finales de la década del 50 aparecen CMAS (Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas) y NAUI (National Association of Underwater Instructors), a principios de los 60’s nace la organización que años después se convertiría en una “máquina”  de certificar buzos a nivel recreativo: PADI (Professional Association of Diving Instructors), posteriormente, en los 70’s nace SSI (Scuba School International) entre muchas otras, alrededor del mundo. Fueron estas asociaciones las que, realmente, masificaron el buceo, ofreciendo programas de formación  sencillos,  a los cuales podía  acceder cualquier persona común y corriente, siempre y cuando tuviera un buen estado de salud.  

A principios de los 90’s, respondiendo al interés de tantos buzos ya certificados alrededor del mundo, ávidos de ir más allá de los límites que les imponía el buceo recreativo tradicional (máximo 40 m. de profundidad, buceo de no descompresión, siempre en lugares con acceso directo a la superficie, entre otros), estas agencias empezaron a diseñar cursos especiales, y es cuando nace el buceo técnico recreativo (TecRec), que permitió pasar del nivel recreativo al técnico.

Alcanzar profundidades hasta de 100 m., visitar naufragios intactos allí donde antes eran inaccesibles, explorar cuevas, descubrir nuevas especies, etc, fue posible gracias al desarrollo de nuevas técnicas como el “side mount” y tecnologías de punta como los circuitos cerrados de respiración (CCR) o “rebreather”. 

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