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Historia del buceo, una sucesión de ideas geniales

Por: Agenda del Mar - Publicado: 09/07/2017
Historia del buceo, una sucesión de ideas geniales
Desde tiempos prehistóricos, el hombre ha tenido la necesidad y la curiosidad de explorar las profundidades del mar. Ya fuera para pescar ostras, buscar tesoros, estudiar las especies o, incluso, para combatir a sus enemigos...
Desde tiempos prehistóricos, el hombre ha tenido la necesidad y la curiosidad de explorar las profundidades del mar. Ya fuera para pescar ostras, buscar tesoros, estudiar las especies o, incluso, para combatir a sus enemigos, el hombre se vio abocado a abandonar el suelo firme, aunque fuera por un momento, y sumergirse en ese mundo desconocido.
 
Al principio lo hacía sin más ayuda que su propio cuerpo: aguantando la respiración, nadando con los pies y bajando hasta donde la flotabilidad se lo permitía. Además, con los ojos expuestos al agua salada que los afecta y sin poder hacer nada contra la limitación visual que impone la refracción en este medio.
 
Pero a fuerza de ingenio, el hombre fue encontrando la manera de vencer esos obstáculos. Descubriría que con un peso extra, o lastre, podría bajar a mayores profundidades. Mejoraría la visión y cuidaría sus ojos si los aislaba del contacto directo con el agua, creando para ellos un ambiente similar al del aire. Entonces surgieron los lentes. Y se movería mejor dentro del agua si simulaba tener las extremidades de los animales acuáticos, lo que daría origen a las aletas.  
 
Con lastre, lentes y aletas, el hombre ya tenía resuelta una buena parte de los problemas que se le presentaban bajo el agua, pero le hacía falta el recurso más importante: el aire para respirar bajo el agua durante un tiempo más prolongado. Harían falta muchos siglos para que, por fin, el buceo fuera autónomo y evolucionara hasta los equipos que conocemos hoy en día. 
 
Gracias a todos estos inventos y descubrimientos, entre los que destaca el célebre Jacques Cousteau como uno de sus protagonistas, el fondo del mar dejó de ser tan temido y misterioso. Al alcance de cualquier persona estaba ya la posibilidad de repetir las hazañas de los primeros buceadores, unos auténticos valientes, que se aventuraron a lanzarse en el mar.
 
Desde la Prehistoria hasta el presente
 
• Las conchas de moluscos encontradas en las costas del mar Báltico y de Portugal sugieren que el hombre prehistórico ya se sumergía en el fondo del mar para atrapar estos animales que viven varios metros por debajo del nivel del mar.
 
• Los polinesios primitivos usaron los primeros lentes. Consistían en un armazón de madera con una lámina transparente de carey u otras conchas de tortugas marinas. Eran binoculares (uno para cada ojo) y se adaptaban a la órbita del ojo para impedir la entrada del agua. 
 
• Desde la antigüedad, las “amas” japonesas se han destacado como recolectoras de ostras y perlas. Son expertas apneístas que descienden a más de 20 metros de profundidad. 
 
 
• Dentro de las ruinas del palacio del rey persa Asurbanipal II se encontró un bajo relieve del año 800 a.C. donde se aprecia un guerrero sumergido que al parecer toma el aire de una vejiga de carnero que lleva bajo el pecho.
 
 
• En la antigua Grecia, las máscaras estaban hechas en madera con vidrio acoplado. 
 
• Hacia 322 a.C. Alejandro Magno realiza una inmersión dentro de un tonel. Fue la primera campana de buceo. Era de madera y fijada con anillos de cobre.
 
• En 168 a.C. se usaron buzos para rescatar el tesoro que Perseo, el último rey de Macedonia, lanzó al mar después de una batalla.  
 
• En su obra Problemas, Aristóteles mencionaba la “lebeta”, un caldero invertido donde los buzos podían respirar ya que retenía el aire y no se llenaba de agua, a menos que se inclinara un poco y perdiera la vertical.
 
• En el Imperio Romano se destacaron los “urinatores”, un grupo especial de buceadores de combate que estaban equipados con un tubo respirador y cuchillos para atacar los barcos enemigos. También eran muy hábiles rescatando objetos del fondo marino. Para mejorar la visión dentro del agua, los “urinatores” llevaban en la boca una esponja empapada de aceite, el cual iban soltando ante sus ojos para modificar el índice de refracción del agua. 
 
• Leonardo da Vinci (1452-1519) diseñó unas aletas “pies de pato”, unos guantes palmeados y una caperuza de cuero que cubría la cabeza y de la que salía, a la altura de la boca, un tubo respirador que llegaba a la superficie. La caperuza estaba cubierta por agudas púas para defenderse de los peces.
 
 
• En 1680 el físico italiano Giovanni Borelli ideó un modelo que se anticipó a la escafandra autónoma, pero nunca se usó pues no resolvía la renovación del aire desde la superficie.
 
 
• En 1690 Edmond Halley inventó una enorme campana de buceo en cuyo interior había un banco donde descansaban los  buzos. La campana recibía aire desde la superficie mediante barriles.
 
 
• En 1715 el inglés John Lethbridge construyó el primer equipo de buzo completo. El buceador se metía en un barril de madera conectado a la superficie con un cable. A la altura de la cintura le colgaban plomos para romper la flotabilidad y tenía unas mangas de cuero para sacar los brazos. Tenía el inconveniente de tener que salir hasta la superficie para rellenar el barril de aire.
 
 
• En 1797, Karl Henrich Klingert ensaya un aparato que respondía a los principios aplicados a la escafandra moderna. Se componía de un sólido cilindro de hierro estañado que rodeaba la cintura y una cúpula que protegía la cabeza. 
 
 
• En 1819 el ingeniero alemán August Siebe fabrica el primer casco metálico para buceo, con una chaqueta fijada a la cintura. A este invento lo llamó “escafandra”. El aire se suministraba desde la superficie por medio de un conducto. 
 
 
• En 1837, el mismo Siebe y su socio Gorman desarrollan la escafandra “pies pesados”, la cual se completaba con unos botas con suelas de plomo.
 
• En 1865, los franceses Rouquayrol y Denayrouse inventaron la primera escafandra autónoma: el buzo transportaba su propio aire en un depósito esférico colocado en la espalda que contenía aire a 30 o 40 atmósferas de presión, con un regulador elemental y una manguera que suministraba aire desde la superficie y que se podía desconectar por breves periodos de tiempo mientras el buceador seguía respirando de la reserva de su depósito. Le dieron el nombre de “aeróforo” e inspiró a Julio Verne en su obra Veinte mil leguas de Viaje Submarino.
 
 
• En 1926 un investigador francés, Yves Le Prieur, inventa la escafandra que proporciona al buceador una autonomía real, gracias a la botella con aire a alta presión (150 atmósferas), y un regulador manual por un sistema de aguja de válvula. Pero este aparato no disponía de un sistema de control del consumo, lo que limitaba mucho su autonomía.
 
• En 1935 el comandante de Corlieu inventa las primeras aletas.
 
• En 1942 el ingeniero Emilien Gagnan y el comandante Jacques Ives Cousteau inventaron la verdadera escafandra autónoma. Se llamó “Aqualung” (pulmón acuático) y estaba compuesto por dos o tres botellas de aire comprimido y un regulador que suministraba al buzo el aire necesario a la presión ambiente, sin correr riesgos de accidentes o asfixia. Este invento permitió a Frédéric Dumas, en 1943, alcanzar los 63 metros de profundidad y fue el que definitivamente abrió las puertas del mundo submarino a miles de buceadores. 
 
 
Esta información fue tomada de la Guía de Deportes Náuticos de la Agenda del Mar 2013
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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